Dentro de algunas semanas tendrá lugar en Alcañiz una efeméride muy especial, que no debería pasar desapercibida ante nuestros ojos. Si ya es difícil que alguna de las tiendas de una gran ciudad pueda permanecer abierta durante más de un siglo y siga siendo regentada por la misma familia aún lo es más, si cabe, cuando esa feliz e histórica circunstancia se vaya a dar entre los profesionales de un establecimiento que está emplazado en una población del medio rural, como es el caso de Alcañiz, el principal centro urbano y de servicios del Bajo Aragón histórico.

Si vais caminando por la avenida Galán Bergua de la capital bajoaragonesa os propongo que os detengáis un momento en el número 13 ante el escaparate del estudio fotográfico «César Gracia». Ninguna concesión a la nostalgia nos da a entender que en el interior de este moderno gabinete del siglo XXI se custodian ya cien años de imágenes fotográficas. Algunas, las más antiguas, tomadas en blanco y negro mediante cámaras de fuelle y conservadas en placa de vidrio, otras en celuloide o papel y las más recientes en soportes más actuales con formato digital, dando buena cuenta del desarrollo y la popularización de la fotografía entre la población o la llegada del color a la imagen gráfica.

Solemne misa de campaña celebrada el 8 de septiembre de 1924, durante las Fiestas de Alcañiz, con los somatenes formados. El negativo de vidrio aún se conserva en el archivo de la galería fotográfica./ Archivo Garcia Jarque
Solemne misa de campaña celebrada el 8 de septiembre de 1924, durante las Fiestas de Alcañiz, con los somatenes formados. El negativo de vidrio aún se conserva en el archivo de la galería fotográfica./ Archivo Garcia Jarque

Unas fascinantes instantáneas que reflejan con extraordinario detalle, como cualquier otro documento histórico, la personalidad y la memoria colectiva más reciente de la ciudad de Alcañiz: sus calles y edificios singulares, sus gentes, las costumbres, fiestas y tradiciones más significativas o los principales acontecimientos sociales y lúdicos del momento. Multitud de retratos de bajoaragoneses que se fueron pero nos dejaron su imagen, cuya indumentaria y gustos fueron evolucionando con el tiempo, junto a otras tantas peculiaridades o simples escenas de la vida cotidiana en la población que también llegaron a otras diversas localidades de la Tierra Baja.

El buen hacer de esta longeva saga familiar de profesionales de la fotografía (incluyendo retratistas, postaleros o corresponsales gráficos de los más importantes periódicos), que ya suma cuatro generaciones inmortalizando a la sociedad alcañizana a través de los objetivos de sus cámaras, ya ha llegado al siglo de existencia. Su origen se remonta a los primeros meses de 1924, poco después de proclamarse la dictadura del general Primo de Rivera. Una noticia aparecida el 21 de marzo de ese año en el periódico zaragozano «Heraldo de Aragón» daba cuenta de que el popular corresponsal gráfico de dicho diario, Lucas Cepero, acababa de abrir recientemente en Alcañiz una sucursal del acreditado establecimiento fotográfico que regentaba en la capital aragonesa, quedando situada en la plaza Mendizábal nº 10, también conocida entonces como «plaza de Correos». La nueva galería se convertía así en un símbolo de modernidad y progreso para la ciudad alcañizana.

Los tres protagonistas de los primeros años de actividad del estudio, Lucas Cepero, Manuel Gracia Jarque y su hermano César./ Archivo García Jarque
Los tres protagonistas de los primeros años de actividad del estudio, Lucas Cepero, Manuel Gracia Jarque y su hermano César./ Archivo García Jarque

Los jóvenes sobrinos políticos del prestigioso fotógrafo, Manuel Gracia Jarque y su hermano César, fueron los encargados del funcionamiento diario del gabinete, que recibía las visitas necesarias por parte de su fundador. No obstante, un triste suceso luctuoso, ocurrido en noviembre de ese mismo año, dio un giro radical al devenir del estudio. La fatalidad y un marido despechado hicieron que Cepero muriese asesinado de un disparo en una céntrica calle de Zaragoza. Ante tal eventualidad, fueron los hermanos Gracia Jarque los que se hicieron cargo de la gestión de la galería abierta en Alcañiz por su malogrado tío, turnándose mientras cumplían con sus obligaciones militares, desarrollando conjuntamente su actividad profesional en la ciudad durante el resto de los años veinte.

Tras el cambio de régimen, durante la II República, fue Manuel el que se quedó con el negocio familiar, convirtiéndose en el único fotógrafo establecido en Alcañiz en la década de los treinta y residiendo también en la población durante la Guerra Civil, períodos en los que ejerció su labor de forma exclusiva. En 1932, el gabinete cambió de ubicación a la calle Alejandre nº 27, por entonces denominada como «Capitán Galán», abriendo también, durante algún tiempo, una sucursal en la cercana población de Caspe. Su hermano César, que continuó también con la actividad fotográfica, se estableció en Ejea de los Caballeros y posteriormente en Zaragoza, donde prosiguió con su labor creando el estudio «Jarke», que tras su muerte continuó abierto por sus hijos hasta su jubilación en los años noventa.

Manuel siguió encargándose del funcionamiento del estudio alcañizano durante la posguerra y, posteriormente, le acompañó y complementó su hijo, Manuel Gracia Bardavío, tercera generación de la saga y que, afortunadamente, todavía nos acompaña, permaneciendo juntos hasta mediados de los años sesenta del siglo XX. En 1976, Manolo inauguró un nuevo establecimiento fotográfico en la calle Blasco nº 11, el cual estuvo abierto cerca de cuatro décadas, siendo ya su hijo César, también fotógrafo como sus antecesores, el que lo instaló en su actual ubicación en el año 2013, disponiendo de una sucursal del mismo en Calanda desde 1994.

Semana Santa de Alcañiz. Foto de Escuín al paso de la procesión del Santo Entierro y al fondo el letrero «Cepero Fotógrafo»./ Archivo García Jarque
Semana Santa de Alcañiz. Foto de Escuín al paso de la procesión del Santo Entierro y al fondo el letrero «Cepero Fotógrafo»./ Archivo García Jarque

Esta grata supervivencia del estudio a lo largo del tiempo y su relevante labor documental nos permiten reafirmar que realmente estamos ante una celebración importante, significativa, suponiendo para mí un verdadero privilegio el poder felicitar desde estas líneas a Manolo, la viva imagen de ese centenario con sus 92 años, y a su hijo César, junto con toda su familia, por este cumpleaños tan singular y merecido. Una conmemoración que seguramente desborda las expectativas iniciales de esas cuatro generaciones de excelentes fotógrafos que han regentado la galería a lo largo de estos cien años. Toda una vida captando instantes irrepetibles que el tiempo ha ido convirtiendo en un auténtico tesoro. Gracias a ellos, a su trabajo y al interés puesto en preservar el mismo, disponemos de un siglo de fotografía de Alcañiz y del Bajo Aragón y podemos todavía disfrutar de esa verdadera joya del patrimonio inmaterial aragonés que es el Archivo Fotográfico Gracia Jarque, un fondo histórico de imágenes excepcional que deberíamos valorar adecuadamente e incorporar a nuestra memoria colectiva como una parte integrante del patrimonio cultural bajoaragonés. Enhorabuena.

Alberto Bayod. Historiador