Al hilo del 8 de marzo, día internacional de la mujer, me han preguntado por mi opinión de escritora y correctora sobre el lenguaje inclusivo. No me apetecía mucho meterme en un berenjenal en el que, como en casi todo, no hay punto medio sino extremos radicales. En primer lugar, os diré que la Real Academia de la Lengua Española (RAE) publicó un manual de estilo que incluía el lenguaje inclusivo en noviembre de 2018 y que, según el director, la academia no está cerrada a este tipo de cambios, siempre y cuando sean razonables, no lesionen el idioma y se mantenga su belleza y, sobre todo, su economía. Es decir, que no tengamos que usar el doble de palabras para decir lo mismo.
Niños y niñas. Amigos y amigas. Básicamente, lo que dice la RAE es que, atendiendo a ese criterio de economía del lenguaje, decir niños y amigos ya valdría para representar al conjunto. El masculino genérico de toda la vida. En cambio, aclara, si la palabra es diferente sí lo admite. Como es el caso, por ejemplo, de señoras y caballeros.
¿Y qué pasa con las arrobas, las x y las e? Tod@s, todxs o todes. Yo también uso la @ de vez en cuando, aunque en mi caso es más por evitar ofensas que por convicciones políticas. No pretendo faltar al respeto de nadie y últimamente estamos muy sensibles/susceptibles. He leído novelas en lenguaje inclusivo que me ha costado descifrar y en las que la trama no hacía ningún favor a la mujer; y otras que son una verdadera oda a la feminidad, pero están escritas con todas las oes del mundo. Creo que lo importante es el mensaje y no tanto la forma. La RAE en este caso se mantiene firme. Los símbolos como @ son ajenos a la lengua española, su incorporación no es cercana y su uso es incorrecto.
Está claro que la lengua la modifican los hablantes y así debe ser; no hablamos como lo hacían en la Edad Media, ni siquiera mi madre habla como lo hacen mis hijos. Pero quizá en el género, la discriminación depende más de quien interpreta las palabras que de quien las escribe o pronuncia. Me gustaría más entrar en el debate de la necesidad del aprendizaje de la lengua de signos y del braille. Eso sí sería inclusión. No sé, llamadme loca.
Cristinica Gómez. Cosas de locos


Tus colaboraciones en este periódico son de lo mejor que se puede leer. Muchos que presumen de periodistas y profesores deberían aprender de ti. También los políticos, políticas y polítiques.