Te levantas libre, libre, libre, quiero ser. Pero, mientras tanto… te han acostumbrado a que, mejor, seguro privado y educación concertada. Te acostumbras a que no se llega sin lo que ellos te cuenten, luego la milonga de que no va a haber para pensiones, pero sí para pagar rescates a la banca o seguir dogmáticamente a corruptores que, te cuentan, pueden hacer lo que quieran con su dinero. Otro tanto sazonado de privatización. Y cuando los suficientes estén acostumbrados porque eres un pringau que eres capaz de pagar un poquito por algo (consumocio), irán (ya han empezado) quitando el mucho de todos.
Por eso eres de clase media, no te vayas a creer. Y la clase media es lo más. Y te tragarás la libertad de elección cuando no puedas elegir nada porque nada quedará. Y es la libertad de elección, carajo, y la cervecita en la terraza. Y te creerás con medios y enteros y entonces idolatrarás a los Florentinos de turno y te comerás eso de hacerte a ti mismo y porque tú lo vales. Porque eres lo más y lo más hace que creas en una clase que no es la tuya. Y luego los votarás, votarás a aquellos que dicen que defienden una clase a la que no perteneces. Y entonces te harán mirar por encima al que es algo más pringau que tú (pringau, que eres un pringau) porque fíjese usted que te roban.
Y como Paco, el de los Santos Inocentes, dirás que sí al señorito. Y siempre habrá un Paco debajo de ti, Paco, al que tratarás con frialdad clasista. Dónde va a parar. Que tú eres clase media y no te permites juntarte con la chusma. Y la playa y el viaje a Eurodisney mientras dure el curro. Que para eso te lo ganas. Que para eso te lo has ganado. Que para eso entras en la media y con la media no se está tan mal.
Y quizás pienses en especular con la puntita porque total todos lo hacen. ¿O es que voy a ser menos? Aprendiz de especulador. Aprendiz de macroempresario. Aprendiz de lo que nunca serás. Aprendiz desclasado de clase obrera porque todos son iguales menos tú. Aprendiz de centro porque crees que todos los extremos son iguales, te lo han hecho creer. Aunque unos defiendan las libertades y otros apostaten del sentido común para librar la batalla a favor del fascismo que nos inunda en redes.
Y entonces pasará que ya no hay cuenta atrás para dar vuelta atrás porque asumir tu conciencia de clase es asumir que eres uno más aunque para ellos seas uno menos. Y la vertiginosa realidad puede dar un vuelco, mientras no te dé el vuelco a ti. Que todo son paguitas, pero qué buenas las paguitas si hacen que tus niños estudien con vocación de Liceo. Y luego seguirás pagando y quejoso, apesadumbrado, porque la culpa la tiene alguien (el que te digan ellos) y nadie será responsable de nada.
E irás a la procesión el primero, no vayas a pensar, tradición y no amor al prójimo. Que para qué se mete el Papa en política si yo lo único que quiero es ir a misa sin prestar atención a los mandamientos. Peor el pentecostal, neoliberalismo de pobres. Como si combatir religiones poco inocuas como el islam sea a base de seguir obscenidades nacional-católicas.
Innovador y sumiso. Solución de perdedores. Perdedores de clase que olvidaron que hay derechos humanos escritos tras grandes tragedias. Pero te acostumbran, te acostumbras. Y así se pierden los derechos. Los tuyos, los de los demás. Tan contento. A ellos, que te manejan por las redes y la hipocresía generalizada, les va a dar igual.
Victor Guiu. Escritor y profesor


Ojalá hubiera tenido un profe de historia como tú. Enhorabuena por el artículo.
Resulta curioso leer un artículo que denuncia la manipulación mientras da por hecho que quien no comparte sus ideas ha sido engañado o alienado.
Según usted, quien elige un colegio concertado está alienado. Quien contrata un seguro privado está alienado. Quien vota a la derecha está alienado. Quien va a misa está alienado. Y quien coincide con usted, en cambio, ha alcanzado la conciencia correcta.
Su tesis parece ser que los trabajadores solo piensan libremente cuando llegan a las conclusiones que usted considera adecuadas. Si no lo hacen, es porque han sido engañados. Una visión bastante paternalista para alguien que presume de defender la libertad. Quizá el problema no sea que millones de personas estén, según usted, manipuladas. Quizá el problema sea creer que todo el que discrepa de usted necesita ser reeducado.
Gracias Jorge! Gracias por la razón.
Lo vas a entender. Hay plazas públicas para el bachiller, sí, por ello concertar esas plazas con centros privados, eso es malversación. Puestos ya, con la misma dinámica voy al Servet y me dice que me operan, y entonces digo que yo quiero me operen en la Quirón. Y exijo que me la paguen. Alucinante.
Usted estudió en pleno franquismo, en un sistema educativo donde la intervención ideológica del Estado era evidente y el margen de pluralidad estaba muy condicionado. Por eso resulta difícil entender que hoy se plantee el debate educativo en términos que parecen asumir con naturalidad la reducción de la libertad de elección de las familias.
El coste para el Estado de la enseñanza concertada es objetivamente inferior al de la pública, y eso es un dato conocido. La cuestión de fondo no es contable, sino de modelo y de hasta qué punto se acepta o no la pluralidad educativa.
Reducir este debate a una lógica exclusivamente económica o administrativa simplifica en exceso un problema que es, ante todo, de libertad.
La libertad os la pagáis con vuestro dinero, no con el de todos. La contratación del personal en esos centros no atiende a méritos, sino a otros criterios; la admisión de alumnos también está condicionada a criterios que establece cada centro, etc. Libertad, toros, cañas, salud y educación concertada ( q es un eufemismo ) os la pagáis con vuestro dinero.
Hay Jorgito, Jorgito. Pues claro que estudié en pleno franquismo, ¿dónde iba a hacerlo? En Curacao. No entiendes nada. Si el Estado te proporciona una plaza pública en bachillerato, concertar el bachillerato en centros privados eso es malversación de fondos públicos. Aquí y en Sebastopol. Puesto ya, de acuerdo con esa falacia de la libertad de elección, pronto cuando uno le vayan a operar en el Hospital de Alcañiz, el paciente, no, no, quiero ejercer mi libertad de de elección del centro sanitario, quiero operarme en la Quirón, y me la tiene que pagar el Estado. Esto cualquiera puede entenderlo, a no ser estar aquejado de algún prejuicio. Buenos días, Jorgito.