Estamos en una semana donde nuestra ciudad se convierte en un referente histórico con la recreación de La Concordia de Alcañiz. Una palabra «Concordia» que tiene seña de identidad alcañizana por el acuerdo que llegó el 15 de febrero de 1412. Es una de las palabras preferidas de algunas personas que siempre la nombran en sus discursos, en los debates… y que contradictoriamente nunca la practican. En el último pleno podrían haber demostrado que La Concordia se puede practicar con voluntad política. Solo tenían que no votar en contra (con una abstención hubiera bastado) de la no derogación de la Ley de Memoria Democrática de Aragón. Creo que preservar esa Ley es importante a nivel local porque hace que otro acontecimiento, esta vez atroz, como fue el bombardeo de Alcañiz en 1938, cuente con el debido reconocimiento de lo que pasó y repare las heridas abiertas. La moción no salió a favor por el voto de calidad del actual alcalde y su empeño de enterrar la memoria de quienes perdieron la guerra y sufrieron las represalias de cuarenta años de dictadura. Creo que hacer actos el 3 de marzo como se ha anunciado, después de votar para que ese día deje ser el día de la Memoria Democrática en Aragón y se derogue dicha Ley, es un claro acto de cinismo además de una ofensa a las víctimas del franquismo. Esto en absoluto es concordia.

Pero si miramos hacia atrás, en los plenos anteriores, esta falta de coherencia al espíritu del acuerdo alcanzado el 15 febrero de 1412 no cambia demasiado. Un pleno en el que no condena de manera unánime el genocidio que está ocurriendo de manera televisada en Gaza por parte de Israel. Eso no es concordia.

Es la primera vez que no se hace una declaración institucional para condenar la violencia machista el pasado 25N, negando incluso la violencia que se ejerce hacia las mujeres en todos los ámbitos. Esto tampoco es concordia.

Pero además echar a la basura el trabajo realizado anteriormente es lo contrario al significado de concordia.

Se han dejado proyectos iniciados, campañas, planes, banderas, escudos, etc., guardados en un cajón simplemente porque lo han hecho otras personas en la pasada legislatura. Eso desde luego que no es concordia.

Por lo tanto, y como decía al principio, a los que se les llena la boca con La Concordia de Alcañiz, podrían entender que concordia es negociar, ceder, acordar, empatizar, humanizar y no ir avasallando al adversario político con el rodillo de la mayoría que actualmente poseen con su equipo de gobierno.

María Milián. IU - GANAR / Alcañiz