Una vez egresado y absuelto de toda ley universitaria, las aplicaciones de búsqueda de empleo, el ustedeo y el programador de emails comienzan a jugar un papel significativo en la vida diaria. No obstante, con el paso de los días y el golpeo de la lírica contra la misma pared, aparece una ánima que, si bien al principio asegura que solo viene a saludar, termina quedándose a tomar el café de las tres de la tarde. A la semana ya conoce a tus padres y al poco ya duerme contigo: la incertidumbre.

Yo, que soy muy futbolero, no puedo evitar llevármelo a mis términos; un partido que se juega en la ‘Mente Stadium’ en el que la rival sabe provocarte perfectamente las dubitaciones pertinentes para que falles o tomes una decisión precipitada en la copa de tu futuro. Los primeros encuentros te avasalla con una goleada indecente, pero, tras cierto entrenamiento, empiezas a rascarle al menos el empate.

Lo que antes era un mundo ahora se ha relativizado, algo que viene de hacer una amplitud de miras donde se comprende que la incertidumbre está personificada de una manera u otra en cada casa. La Humanidad ha tenido los mismos miedos desde el inicio de la civilización, simplemente se trata de sobreponerse a ellos.

Volviendo a mi caso, por suerte también tengo una bonita filia con el alpinismo, en parte porque enseña unos valores que los extrapolo a mi día a día: es posible que uno se esfuerce con denuedo durante horas por desniveles peligrosísimos para luego quedarse a 100 metros de la cima porque el clima o la orografía no lo permite y, sin embargo, se asume y se desciende con otra tanta dosis de incertidumbre por no despeñarse en una zona que le ha parecido que tenía tela.

Cuando era un adolescente para mí era un fracaso que me sucediera aquello, pero con el tiempo uno aprende a manejar la presión y saber cuándo dar la vuelta, sobre todo, cuando las cosas no pintan favorables. En el día a día la vida funciona con el mismo sistema; cuando la incertidumbre por el futuro aprieta, debemos mantenernos estoicos en nuestros objetivos, aunque tengamos que descansar un par de días para aclimatarnos antes de volver a abordarlos.

Rubén G. Bielsa. Marasmos