El sistema sanitario público constituye uno de los pilares fundamentales del Estado de bienestar. Gracias a él, toda la población puede acceder a una atención sanitaria de calidad, universal y equitativa.

Sin embargo, para garantizar su sostenibilidad y ofrecer una asistencia adecuada a quienes más lo necesitan, es imprescindible hacer un uso responsable de sus recursos.

Durante los periodos vacacionales es frecuente que muchas personas se desplacen temporalmente a otras localidades. En estos casos, resulta especialmente importante comunicar este cambio mediante el correspondiente desplazamiento sanitario. Este trámite permite que los equipos de Atención Primaria del lugar de destino conozcan el número real de personas a las que deberán atender, facilitando así una mejor planificación de consultas, recursos humanos y materiales. Una adecuada organización redunda en una asistencia más eficiente y en una menor sobrecarga de los profesionales sanitarios.

Cuidar el sistema sanitario implica también evitar el uso inadecuado de los recursos asistenciales. No todas las situaciones de salud requieren una atención inmediata o la utilización de servicios de urgencias hospitalarias. Es fundamental diferenciar entre una urgencia y una emergencia.

Una urgencia es aquella situación que requiere atención sanitaria en un tiempo razonable, pero que no supone un riesgo inmediato para la vida o para la integridad del paciente. Algunos ejemplos serían una fiebre persistente, una infección urinaria o una torcedura con dolor importante.

Por el contrario, una emergencia es una situación que pone en peligro la vida de la persona o puede ocasionar secuelas graves si no se actúa de forma inmediata. Dolor torácico intenso, dificultad respiratoria severa, pérdida de consciencia, signos de ictus o accidentes graves son ejemplos claros de emergencia y requieren la activación urgente de los servicios de emergencias.

Existen, además, numerosos problemas de salud leves que pueden resolverse mediante medidas de autocuidado, consejo farmacéutico o consulta programada en Atención Primaria, sin necesidad de acudir a un servicio de urgencias. Resfriados comunes, pequeñas heridas, dolores leves o síntomas de corta evolución suelen poder manejarse inicialmente con estas alternativas. Utilizar cada recurso de forma adecuada permite que los servicios de urgencias estén disponibles para quienes realmente los necesitan.

Mención especial merecen las personas con enfermedades crónicas, como la diabetes, la hipertensión arterial, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o la insuficiencia cardiaca. Estos pacientes precisan un seguimiento continuado y coordinado por su equipo de Atención Primaria habitual, formado por profesionales que conocen su historia clínica, sus antecedentes, sus tratamientos y su entorno familiar y social.

Este seguimiento continuado, conocido como longitudinalidad asistencial, constituye una de las principales fortalezas de la Atención Primaria. Mantener el control de las enfermedades crónicas por el equipo de referencia favorece una atención integral, mejora los resultados en salud, reduce pruebas innecesarias y contribuye a detectar precozmente posibles complicaciones.

Por todo ello, cuando una persona se desplaza temporalmente fuera de su lugar habitual de residencia, es recomendable planificar adecuadamente sus necesidades sanitarias, llevar consigo los informes médicos y la medicación necesaria, y realizar el correspondiente desplazamiento sanitario cuando proceda.

El sistema sanitario es un bien común que debemos preservar entre todos. Hacer un uso responsable de sus recursos, respetar los circuitos asistenciales y confiar en nuestros profesionales son acciones fundamentales para garantizar una atención de calidad hoy y en el futuro. Porque cuidar el sistema sanitario también es cuidar a quienes nos cuidan.

Pilar Borraz. Gerente única de Atención Primaria del Servicio Aragonés de Salud