En España tenemos que hablar con seriedad de las bajas laborales. Y tenemos que hacerlo sin caer en dos errores: ni criminalizar a quien enferma, ni mirar hacia otro lado cuando el sistema empieza a ser insostenible.

Desde una asociación sin ánimo de lucro como Apadrinaunolivo.org, esta realidad se vive de forma muy concreta. No somos una gran empresa con amplios recursos, departamentos sobredimensionados o capacidad ilimitada de sustitución.

Somos un proyecto social y ambiental que trabaja en un pequeño pueblo de Teruel para recuperar olivos abandonados, generar empleo, fijar población y crear oportunidades en el medio rural.

Cuando una persona está de baja, hay que protegerla. Por supuesto.

Pero cuando una baja se prolonga durante meses, cuando coinciden varias situaciones al mismo tiempo o cuando se generan patrones de ausencia difíciles de sostener, el impacto no es abstracto: lo asumen los compañeros, se tensiona la organización, se retrasan proyectos y se pone en riesgo la viabilidad de iniciativas que también tienen un valor social.

Cuidar a quien enferma es imprescindible.

Pero también hay que cuidar a quienes siguen cada día sosteniendo el trabajo, a quienes asumen más carga, a quienes cumplen, a quienes mantienen vivo el proyecto cuando todo se complica.

El debate no debería ir de recortar derechos. La incapacidad temporal es un derecho esencial y debe protegerse. Nadie debe trabajar enfermo ni sentirse culpable por necesitar una baja médica.

Pero proteger un derecho también exige gestionarlo bien.

Necesitamos más agilidad médica, mejor seguimiento de las bajas de larga duración, coordinación real entre servicios públicos de salud, mutuas e inspección médica, apoyo específico a pymes, autónomos y entidades sociales, y herramientas claras para abordar situaciones abusivas cuando existan.

No todo absentismo es abuso. Pero tampoco todo puede justificarse indefinidamente sin control, sin planificación y sin medir el impacto sobre los demás.

Las organizaciones pequeñas y sociales necesitamos un sistema que acompañe más, que actúe antes y que reparta mejor las cargas. Porque cuando el sistema falla, no solo sufre quien está de baja. También sufren los equipos, los proyectos y las comunidades a las que servimos.

Cuidar bien significa cuidar a todos: a quien enferma, a quien trabaja, a quien emplea y a la sociedad que sostiene el sistema. Y para eso hace falta menos ruido, menos trincheras y más reformas valientes.

Alberto Alfonso Pordomingo. apadrinaunolivo.org