Tic tac, Tic tac… continúa la cuenta atrás. Al ritmo de Tick tock, tic tock, banalidad y superficialidad en grado sumo. Tiempo de descuento, extinción por consumación, agotamiento biológico y mental. Epílogo, fin de época. La historia la escriben las personas, los grupos sobrevivientes. No todos logran superar dificultades y obstáculos. Son sustituidos por otros. Borrón y cuenta nueva, cierre la puerta al salir, hoy no se fía, mañana tampoco.

Suicidio asistido, inducido, suicidio demográfico a la vista de todos con la complicidad de algunos. Eutanasia social. Acabar con quien no merece vivir, no le quedará más que el silencio eterno y sepulcral. Estafa piramidal, pirámide demográfica invertida al borde del colapso.

Fin de nuestra civilización, desprecio absoluto a los esfuerzos de los que nos precedieron. De sacrificios por mejorar y hacer un país más próspero que encontraron, y que hemos decidido regalar con una generosidad ilimitada a otros, con la única condición de enterrarnos en vida. Recolectarán a manos llenas todo lo que nosotros no hemos querido ni sabido apreciar y cuidar. Regalo ajeno, furtivo y desmerecido. ¡¡Enhorabuena!!

Complicidad cobarde y necesaria para llevar a cabo todo lo anterior descrito. Leyes cómplices que dictan sin rubor quién odia y quién no. No debe levantarse la voz ante semejante villanía. Quien no debe ni siquiera defenderse agachando el cuello esperando su turno. Delito de odio a lo nuestro, a nuestro porvenir y a nuestra existencia. ¿Existe mayor crimen que ese?

Sociedad envejecida, pasiva y muerta que espera un futuro que ya no será de ellos. Una sociedad sin sus niños, es la que en tú vives lector. Civilización de yogurt, con fecha de caducidad que están esperando para tirar a la basura más pronto que tarde y ya ser dueños de todo lo que tú ves. Hay quien cree que todo empieza y acaba con uno mismo. No hay un antes ni un después. Hay un presente continuo que también tiene su plazo determinado. No importa lo que venga después de mí. Al fin y al cabo no lo he de ver.

Pensamientos de una sociedad sin principios ni valores que no sabe valorar lo que los demás hicieron por él. Quien tenga hijos sabrá de lo que hablo. Luchar por un porvenir más justo que acoja a sus hijos y a sus nietos. Nacer, crecer, multiplicarse y morir. Solo nos queda la muerte si no cambiamos de aptitud. Solo queda palabra, dignidad y el coraje. Unas instituciones que sepan lo que llevan en sus manos. Todo o nada. Ser o no ser. Traición o lealtad, tú eliges. Verás que nada era como lo conociste y una lágrima saldrá de tus ojos, y tu anciana madre te susurrará: no llores por lo que no supiste defender como un hombre.

Carlos Andreu. Vox / Alcañiz