Hace 17 años el incendio de los montes de Ejulve fue una catástrofe. El de este año no ha alcanzado esas dimensiones, pero ha supuesto cuantiosas pérdidas. 3.000 hectáreas en la misma zona han ardido. «Otra vez tendremos que permanecer dos o tres años rodeados de carbón y cenizas, con el paisaje negro», concluía el alcalde, Ovidio Ortín.

Tras el incendio anterior, pasados unos cuantos años, se veía resurgir las pequeñas plantas sobre las cenizas. Paseando con amigos de Ejulve contemplábamos ese signo de esperanza.

En 2009 se perdieron seis vidas humanas: cinco bomberos en Tarragona y uno en Teruel. Era la peor situación por incendios en un espacio de 15 años. Más de 12.000 hectáreas quemadas en Aragón y un medio natural arrasado. Más de 2.000 personas lucharon entonces solidariamente contra el fuego y acogieron a los desplazados. Los ayuntamientos pidieron más medios y más planes de prevención y de reforestación.

Ahora los bomberos forestales piden una mejora de condiciones en su trabajo, que, de por sí, es muy duro cuando se trata de dominar el fuego. Hay que recordar el paso importante que se dio en 2024, cuando el Gobierno de Jorge Azcón decidió que se ampliaba a todo el año la contratación de las cuadrillas forestales. Algo que se logró tras muchos años de movilizaciones, pero que no se consiguió en las anteriores legislaturas de gobiernos socialistas. Más de 500 trabajadores de las Brigadas Forestales pueden atender las tareas de prevención cuando acaban las campañas.

Las tierras que se han quemado en Ejulve las conocí hace muchos años. Un amigo de la infancia y compañero en el colegio de Maristas de Zaragoza, Jesús Calvo, tenía la masada familiar -la Solana- en estos parajes. Jesús, amante de la historia local, recordaba en «Memoria de las Raíces» que la vida de cada uno de nosotros se sustenta en esas raíces que las conforman nuestros padres, la familia, la casa, la educación recibida, el pueblo que nos vio nacer.

Jesús contaba cómo era la vida cotidiana en la masada: la vida familiar y las tareas del campo: la sementera, la siega, el acarreo, la trilla, el ganado. Hablaba de los juegos y de las fiestas, de la escuela, de la vida religiosa, de las relaciones con los vecinos y de la casi autosuficiencia en una sociedad austera y digna.

Sean estas líneas en recuerdo de tantos que, como Jesús, ven destruirse parte de su memoria en estos desgraciados incendios.

Carlos Sauras