La Política Agraria Común (PAC) afronta un momento decisivo para el futuro del campo europeo. En un contexto marcado por la incertidumbre internacional, el incremento de los costes de producción y la necesidad de garantizar el relevo generacional, resulta imprescindible reforzar una política que ha sido y debe seguir siendo el principal sostén de la renta de agricultores y ganaderos, porque sin ellos no hay agricultura ni ganadería.

España ha demostrado en los últimos años su compromiso con el sector agrario complementando la PAC con importantes medidas de apoyo. A las ayudas comunitarias se han sumado cerca de 440 millones de euros en ayudas directas extraordinarias impulsadas por el Gobierno para hacer frente a las dificultades derivadas de las distintas crisis que ha atravesado el sector. Asimismo, deben ponerse en valor los aproximadamente 380 millones de euros correspondientes a la ayuda redistributiva y los cerca de 270 millones destinados a los ecorregímenes, instrumentos que buscan compatibilizar rentabilidad y sostenibilidad.

Sin embargo, el futuro de la PAC no puede pasar por una renacionalización de la política agraria. Debe mantenerse como una verdadera política común europea, con un presupuesto suficiente y unas reglas homogéneas que garanticen la igualdad de oportunidades entre los productores de todos los Estados miembros. Fragmentar la PAC supondría aumentar las desigualdades y debilitar uno de los pilares fundamentales de la construcción europea.

La nueva PAC debe priorizar el modelo agrario profesional y mayoritario, aquel formado por agricultores y ganaderos que viven de su actividad, generan empleo, mantienen vivo el medio rural y garantizan la producción de alimentos de calidad. La transición hacia un modelo más sostenible solo será posible si viene acompañada de rentabilidad económica y de un respaldo firme a quienes trabajan cada día sobre el terreno. Porque, repito, sin agricultores no hay agricultura.

Garantizar la renta de los profesionales en activo debe ser un objetivo irrenunciable. Sin rentabilidad, no habrá inversiones, innovación ni relevo generacional. Tampoco habrá capacidad para afrontar los retos ambientales y climáticos que demanda la sociedad. Los agricultores deben estar presentes y sentirse representados en esta PAC.

Defender una PAC fuerte, comunitaria y orientada a los profesionales del campo es defender la seguridad alimentaria, la cohesión territorial y el futuro de nuestros pueblos. Europa necesita una agricultura competitiva, sostenible y, sobre todo, respaldada por políticas que reconozcan el valor estratégico de quienes producen nuestros alimentos. Porque sin agricultores, no hay agricultura.

Herminio Sancho. PSOE / Teruel