Gasteiz, 3 de març de 1976. Els demòcrates alabesos eren debatent en una església. Es tractava d’una reunió pacífica. De sobte, la Guàrdia Civil i la Policia Armada van llançar, des de fora, gas lacrimogen. Es va estendre el pànic. Les cinc persones que van sortir de l’església amb els ulls cecs van rebre foc real i van perdre la vida. Durant les manifestacions posteriors per denunciar els fets, dos joves més van morir.
Podríem pensar que això va passar durant el franquisme, però en realitat va ser mig any després de la mort del dictador. La idea de Paquito el Chocolatero no era fer una democràcia, sinó continuar amb la dictadura amb el president Arias Navarro i el rei Joan Carles: el caçador d’elefants que ara gaudeix de la vida a Abu Dhabi.
Però la gent s’hi va oposar. El poble volia democràcia, i el primer semestre de 1976 és el que recull més vagues i insurreccions de la història d’Espanya. Això demostra que la democràcia no va ser una concessió del rei perquè estimava molt els espanyols (com encara no és difícil sentir per aquí). Va ser el resultat de molta sang vessada, i si el rei ho va acceptar va ser perquè no li va quedar cap altra opció que fer-ho o dimitir, com va fer Arias. Però ell és un Borbó i no sap què és això.
El que vull dir és que, si avui tenim una democràcia, és gràcies a l’esforç de milers de persones que han lluitat perquè nosaltres tinguem un món millor. Com a mínim, hauríem d’agrair la seva tasca i tractar de millorar-la des d’un punt de vista constructiu. L’altra opció, si ens descuidem un parell d’anys, és tornar a acabar com a Vitòria. Suposo que cadascú sap el que li convé.
Luismi Agud. Viles i gents


Don Luis:
Cuando usted nació yo ya tenia 56 años. Viví con atención los hechos que trajeron la llamada «democracia» actual a nuestro país y la resistencia a la que se tuvieron que enfrentar los que trabajaban por ella, ya que ni vencedores ni vencidos actuaron limpiamente para que llegara. Uno de los fenómenos que ha tenido mucha importancia en la creación de un espíritu favorable a nuestra democracia actual fue la ocupación sistemática que sufrió nuestra universidad de «historiadores», inventores de la historia y censores de todo lo que no les convenia. Pocas personas han sido tan falsos defensores de la historia como algunos de sus profesores. Así que usted, que ha mamado la ciencia en esos pechos, da como verdaderas cosas que no ha vivido y que en otras historias se cuentan de manera muy diferente.
Escribe que el pueblo quería democracia. Algunos si que la queríamos, pero la mayoría del pueblo sólo quería una cosa: que no se repitieran los horrores de la guerra. Tal como están las cosas hoy en día, en que las democracias se están armando hasta los dientes, y los deseos de guerra se reproducen como un cancer entre los politicos, nuestra tarea ha de ser buscar la concordia y rechazar la violencia y sus defensores.
Usted es un joven brillante, y puede hacer mucho a favor de la paz si quiere. Si prefiere seguir la senda de una venganza permanente, todo le puede salir mal. Ojalá que la historia no se repita.
Un cordial saludo
Has agarrat una tragèdia de verdat pa fer-ne un pamfleto polític per a sucar-hi pa. Ningú discuteix que lo de Vitòria 76 va sé una barbaridat, pero fer servir la sang d’aquella chen pa vendre un cuento de bons mol bons i malos malíssims és una falta de respecte a la Història. La democràcia no va nàixer d’un conte de fades ni d’una pel·lícula de vaqueros; va vindre entre pressions, pactes, renúncies i moltíssims matisos. Quan un escrit ha de tirar de «Paquito el Chocolatero» i del «caçador d’elefants» en puesto d’arguments, és que va molt escàs de raons i massa ple de consignes. La memòria mereix rigor, no propaganda de garrafa.
La Democracia , la de verdad ahún no la tenemos, la que «tenemos» es fruto de un blanqueo de los de antes con los de ahora (1978) a buenos entendedores…..
El libro «Las otras víctimas. La violencia policial durante la Transición (1975-1982) «de David Ballester, expone una investigación inédita, que echa por tierra todavía más el carácter pacífico de nuestra Inmaculada Transición, ya que documenta de una manera fehaciente las 134 víctimas de la violencia policial.
Y las analiza en tres capítulos: gatillo fácil, las víctimas en la represión de las movilizaciones de todo tipo y las producidas por la tortura. Por ello, decía, producen sonrojo las palabras que aparecen en la entradilla del libro de David Ballester. De Manuel Fraga Iribarne en VV.AA. (1996), Memoria de la Transición: “Creo que si se tiene en cuenta lo que se jugaba en aquella transición, pues se puede decir que fue enormemente pacífica”.
E igualmente Carmen Calvo, exvicepresidenta del Gobierno de España, en El País, 22-9-2019: “Salimos de una manera tan brillante de la dictadura, sin un solo roce de violencia, salvo ETA”. Y ya en el cénit del cinismo un Tuit de Pablo Casado de 2-9-2018: “En la Transición ni hubo ocultación, ni sometimiento, ni miedo. Hubo grandeza moral, sentido de la historia, reconciliación y concordia”.
Estas 134 víctimas, no son terroristas, sino ciudadanos normales, que murieron a través del gatillo fácil, en las manifestaciones o como consecuencia de torturas. Igualmente, es de valorar el extraordinario trabajo de investigación del autor Doctor en Historia Contemporánea por la Universitat Autònoma de Barcelona para conocer nuestro pasado reciente.
En la página web Con nombre y apellidos. Desaparecidos y represaliados durante la Guerra Civil y la posguerra aparece estos datos. “Miguel Vicente Basanta López, menor de diez hermanos y albañil en paro, lo mató el 7 de febrero de 1977 un policía armada en Zaragoza, en el paseo del Canal junto a la antigua Fundición Alumalsa, esquina con la calle Santa Gema. Acababa de pintar “Trabajo Sí Policía No” junto a una mal trazada hoz y un martillo, cuando fue sorprendido por el policía que aquella tarde estaba de permiso paseando con su familia. Encañonado, de cara a la pared, según testigos presenciales vecinos del policía, intentó correr nervioso y asustado recibiendo tres disparos por la espalda, dos de ellos en la cabeza”.
Si alguno quiere profundizar en el tema puedo recomendarle algunos libros: Entre ellos; de Mariano Sánchez Soler, el libro de 2018 La Transición sangrienta. De la francesa Sofhie Baby, El mito de la transición pacífica. Violencia y Política en España (1975-1982) El título ya es suficientemente clarificador. Habla de 714 muertos-incluidos los de ETA- y 2927 actos violentos. En un ámbito cronológico casi idéntico al del libro de David Ballester, de 1 de octubre de 1975 al 31 de diciembre de 1882, la autora francesa cita que las fuerzas policiales causaron la muerte de 178 personas.
Cada vez que leo un comentario suyo tengo la sensación de haber entrado por error en una clase de Historia Contemporánea impartida por un profesor anclado en el pasado. Da igual el tema. Siempre aparecen Machado, Lorca, Bobbio, Viroli, Fraga, Ballester o quien toque ese día. Lo sorprendente no es su repetida exhibición bibliográfica, sino su extraordinaria capacidad para no responder nunca al artículo que comenta. Más que debatir, usted parece tener un comentario prefabricado al que luego busca un artículo donde pegarlo.
Me gusta mucho leer a Cándido Marquesan, una persona muy leída y con mucha experiencia de vida, amplia mi conocimiento del mundo y me hace hacerme mas preguntas y tener mas dudas, y eso es fundamental. Sigue así, y no cambies.
Me gusta mucho leer a Cándido Marquesan, una persona muy leída y con mucha experiencia de vida, amplia mi conocimiento del mundo y me hace hacerme mas preguntas y tener mas dudas, y eso es fundamental. Sigue así, y no cambies.
Gracia. Un saludo