Lo de esta semana duele. La anunciada demolición de la central térmica de Escucha duele mucho.

Y duele porque ya hemos visto anteriormente cómo un Estado puede dejar caer a un territorio después de llevarse lo magro de su subsuelo y el esfuerzo de generaciones. Ahí está Aliaga, donde un día hubo más de dos mil habitantes, hoy no llega a quinientos. Ahí está Andorra, donde tras la demolición no hay una verdadera transición industrial. Donde, mentira tras mentira, vamos viendo que no hay voluntad política de que cambie nada.

Ahí está Escucha, en ese mismo frente, con su central todavía en pie y haciendo esfuerzos por sacar adelante su economía, y con su museo minero que recibe 20.000 visitantes al año, nada menos.

Porque si algo nos queda de todo aquello, es la memoria y el patrimonio legado. Al menos hasta estos años.

La central de Escucha es para Teruel un símbolo de desarrollo, de trabajo, también de lucha sindical por la creación de un sector digno, como lo fue la minería.

Mientras que la central de As Pontes, en Galicia, ha sido protegida como Bien de Interés Cultural y la de Ponferrada, en León, reconvertida completamente en un museo, vuelve a no haber ningún plan para Teruel. Lo siento, pero aquí nuestros políticos no están a la altura.

Y no, este caso no es como el de Andorra, donde Enel, insensible, tenía voluntad de demoler el icono. En el año 2020, Repsol ofreció ceder la central térmica a la administración pública. Tiempo ha habido para pensar, para dotar de presupuesto un buen proyecto cultural. Pero nada de eso ha sucedido.

Como no concibo la protesta sin propuesta, ahí está para consulta el proyecto Power Experience que se elaboró desde Teruel Existe para cambiar el destino de lugares como la central de Escucha.

Mientras quienes gobiernan no tienen un plan para las zonas mineras, el tiempo corre en contra de lo verdaderamente importante: poder vivir aquí.

Defendamos la térmica de Escucha, porque es patrimonio y memoria, pero también por todo lo que nos ha legado el sector del carbón a las generaciones que hemos podido prosperar, sin duda, gracias a ello.

Gerardo Villarroya. Teruel Existe / Alcorisa