Vivimos tiempos convulsos a nivel local, con graves problemas a resolver, desde el declive demográfico de las zonas rurales y sus costes derivados, hasta la cohesión territorial, pasando por un deficiente desarrollo holístico basado en la deficiencia de infraestructuras y equipamientos en condiciones asequibles y de calidad, en una mala disponibilidad de servicios básicos para la población (servicios públicos educativos, sanitarios y sociales), así como, una deficiente conectividad (telefonía móvil y banda ancha de internet) y por último, un marco normativo no ajustado a las realidades y necesidades del medio rural. Ante todo esto hay que reflexionar pero también actuar en consecuencia.

Este declive demográfico, social y económico es bien conocido, y sus causas se han diagnosticado con precisión en un sinfín de documentos, pero la conclusión, a día de hoy, es que nuestras áreas rurales mantienen un déficit estructural y permanente para competir y progresar, acusando cada vez con más intensidad la marginalidad económica y -como consecuencia de la misma- se está produciendo el progresivo vaciamiento poblacional.
En nuestro territorio prácticamente no existe una planificación integral para el desarrollo del medio rural. Eso no quiere decir que no existan planes y medidas que lo promuevan, pero estos no parten de un planteamiento holístico de desarrollo, sino meramente parcial y por lo tanto sesgado, omitiendo el carácter complejo y multifuncional del medio rural, tanto en términos económicos como sociales. Buena parte de lo hecho hasta ahora en el medio rural resulta inadecuado o insuficiente y por tanto se evidencia el fracaso de las políticas de desarrollo rural convencionales, en gran medida por la falta de criterios claros respecto a que medios, estrategias y acciones deberían establecerse y por la inexistencia de un consenso de los representantes políticos sobre la necesidad de abordar este problema con mucha más determinación.

El retroceso demográfico que se está produciendo se centra principalmente en la población en edad de trabajar y por tanto en "perdida de talento", que repercute cuantitativamente en minoración de mano de obra, debilitación del tejido empresarial, escaso emprendimiento,…… que unido a la incidencia cualitativa de este talento, que se refleja en un cierto derrotismo, en resignación de la población rural, apatía, negatividad,….. El panorama es claro y todas estas carencias son cuestiones a resolver para el desarrollo rural, inmerso en un mundo totalmente globalizado y en un entorno completamente conectado, por todo ello, es imprescindible implantar cuanto antes un modelo de desarrollo rural sostenible que permita restituir el equilibrio demográfico.

Ante tal constatación y con el ánimo de aportar soluciones a nuestro medio rural, CEOE de Teruel, con el apoyo de todos los agentes de desarrollo local de nuestra provincia y a través de la Red de Areas Escasamente Pobladas del Sur de Europa (SSPA), constituida por las organizaciones empresariales de Teruel, Cuenca y Soria y registrada desde el pasado 20 de Julio en la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea, está llevando a cabo acciones, ante las instituciones comunitarias, para conseguir que en 2020 exista una política europea distinta para las regiones escasamente pobladas. A la vez, se está manteniendo contacto con nuestros políticos, tanto provinciales como autonómicos y nacionales, informándoles de manera pormenorizada, tanto de nuestros trabajos en Europa como de la experiencia de nuestro viaje a las Tierras Altas e Islas de Escocia para conocer de primera mano la transformación, a partir de 1965, de una economía rural en declive, con una población que disminuía año tras año, unos jóvenes y mujeres con pocas oportunidades y en definitiva, una región en declive casi terminal, a la situación de hoy que es una región próspera, con una base económica diversificada, con nuevas oportunidades, con empresas cada vez más innovadoras y en definitiva, una comunidad que están invirtiendo y manejando sus propios activos y atrayendo gente a la región.

No deseo terminar sin dejar clara mi apuesta por tratar de reproducir el éxito de los métodos aplicados en las Tierras Altas e Islas de Escocia, siendo consciente que previamente debe existir un compromiso político firme y una buena cooperación institucional, buscando que la justicia social, el equilibrio territorial y la dignificación de la población rural, sean la base de este desarrollo rural que anhelamos.