El próximo 12 de agosto, la provincia de Teruel vivirá un hito histórico. Por primera vez en más de un siglo, un eclipse total de Sol convertirá nuestros cielos limpios y privilegiados en el epicentro de la astronomía mundial. Seremos, literalmente, el mejor escenario del planeta para contemplar el día hecho noche. Pero bajo esta promesa de oro para el turismo y la visibilidad de nuestra tierra, se proyecta una sombra que no es la de la Luna, sino la de la incertidumbre y el temor al colapso.
Desde algunos de los ayuntamientos de la provincia compartimos un sentimiento común: la preocupación.
La gran incógnita que nos quita el sueño a alcaldes, concejales y vecinos es extremadamente sencilla y, a la vez, devastadora: ¿cuánta gente va a venir?
Nadie tiene una cifra exacta. El Gobierno de Aragón ha puesto en marcha un sistema de reservas previas para puntos oficiales —como el aeródromo de Calamocha, MotorLand en Alcañiz o la estación de esquí de Javalambre—, pero la realidad del territorio es otra. Un eclipse no se confina en un recinto delimitado. Se ve desde cualquier colina, desde cualquier era, desde cualquier arcén.
Para un municipio pequeño, de apenas unas decenas o pocos cientos de habitantes, recibir una oleada descontrolada de visitantes no es un «éxito turístico», es una emergencia logística.
Sobre todo, si partimos de la base de que es agosto y que, habitualmente, en esas fechas el pueblo está hasta la bandera de veraneantes, visitantes y los alojamientos llenos.
Este evento masivo en pleno mes de agosto, época de riesgo de incendios, con los recursos humanos al mínimo y los servicios al límite, nos hace el preguntarnos diversas cuestiones:
¿Dónde aparcarán los coches en municipios que apenas tienen espacio?
¿Cómo responderán las redes de abastecimiento de agua o de telecomunicaciones?
¿Qué ocurrirá si hay una emergencia médica y las estrechas carreteras comarcales colapsan por conductores buscando «la mejor foto»?
Entiendo que no es fácil calcular la gente que pueda acercarse a nuestros municipios. Confiemos en el civismo, respeto y autoprotección, y espero no tener que entonar aquella frase célebre de Lola Flores: «Si me queréis, irse».
Roberto Rabaza. PAR / Tronchón


Y si ese día cae un meteorito en el Maestrazgo?
Y si todos los que vienen son unos guarro y dejan todo lleno de Mierda?
Y si ese día la gente que llega son gente respetuosa y amante de la naturaleza y es una gran oportunidad para dar a conocer el territorio y que pueda prosperar de una manera sostenible y sostenida?
Y si…
El Maestrazgo es de todos de los que vivimos aquí y delos que vienen a visitarlo. Hay que cuidarlo y respetarlo. Y ya está.