Puede el título considerarse un tanto presuntuoso. Nada más lejos de la realidad. Vamos a verlo. Una pareja de enamorados consiguió cambiar la forma en que la sociedad estadounidense reconocería la importancia moral y legal del amor. La historia de Mildred y Richard Loving muestra cómo el amor había llegado a adquirir una legitimidad social tan poderosa que era capaz de remodelar las instituciones.

Cuando Richard y Mildred se casaron no querían hacer de eso "una declaración política o empezar una lucha". Simplemente estaban enamorados. Tuvieron que irse a Washington para contraer nupcias porque las autoridades de Virginia -donde ambos crecieron, se enamoraron y querían formar su familia- les prohibían casarse: ella era de color y él blanco. Era el año 1958. No estamos en la prehistoria. Y, a su vez, estamos en un país presentado urbi et orbi como el paradigma de un sistema democrático y de los derechos humanos. No en vano, la Estatua de la Libertad, más conocida como la Estatua de la Libertad, es un icónico monumento situado en la ciudad de Nueva York. ¿Cabe mayor incongruencia entre tal ícono y la detención de una pareja de recién casados por ser un matrimonio interracial?

Entremos en la descripción del hecho, impregnado de una de las emociones más importantes, que mueve el mundo: el amor. "Verá, soy una mujer de color y Richard era blanco y en esa época la gente creía que estaba bien evitar que nos casáramos por sus ideas sobre quién debía casarse con quién", escribió Mildred varios años después. Cuando regresaron a Virginia, no tenían ninguna intención de desafiar la ley, estaban "felizmente casados". Pero todo cambió una madrugada. "Eran como las 2:00 de la mañana. «Vi la luz [de una linterna] y cuando me desperté, el policía estaba a un lado de la cama. Nos dijo que nos paráramos", contó Mildred. El sheriff, junto a dos ayudantes, le preguntó a Richard quién era ella. "Mi esposa", respondió. Aunque el certificado de matrimonio estaba colgado en la pared, ambos fueron arrestados "por el 'crimen' de haberse casado con el tipo de persona equivocada", dijo Mildred. Fueron condenados a un año de prisión, con una suspensión de 25 años con la condición de que abandonaran el estado de Virginia. En el fallo de su destierro, el juez se refirió no solo a la ley local, sino a lo que muchos sureños consideraban era "la voluntad de Dios". Se mudaron a Washington D. C., pero en 1963 decidieron presentar una demanda contra la sentencia alegando que violaba la Decimocuarta Enmienda y, con la ayuda de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), exigieron ser reconocidos como pareja legítima. En 1967, en el histórico caso «Loving contra Virginia», el Tribunal Supremo declaró inconstitucionales las leyes de Virginia. La sentencia reconocía el matrimonio como uno de los derechos civiles básicos y tendría enormes repercusiones, ya que se utilizó posteriormente para la legislación sobre el matrimonio de personas del mismo sexo.

Merece la pena ampliar más detalles, tal como los describe la BBC News Mundo, con fecha 13 de febrero de 2021. En 1963, en busca de ayuda, Mildred decidió escribirle al entonces fiscal general Robert Kennedy, quien remitió la carta a uno de los principales grupos que promovían los derechos civiles. La misiva llegaría a buenas manos.

«Yo era un abogado joven y hacía prácticas de derecho privado. También era abogado voluntario de la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU)", le dijo Bernard Cohen al periodista Simon Watts, en el programa de la BBC Witness.

Siendo un veinteañero, se le asignó el caso por su conocimiento de la legislación de Virginia. "Sentí muy firmemente que el caso era perfecto para probar la inconstitucionalidad de los estatutos de Virginia", indicó. "Estaba emocionado de involucrarme, aunque, francamente, solo había estado en la práctica dos o tres años desde que había salido de la facultad de Derecho". Cuando Cohen conoció a los Loving, quedó impresionado no solo por su sencillez y timidez, sino también por su apellido.

"Pensé que el nombre era fortuito. ¿Cómo podría alguien resistirse a escuchar la historia de su amor mutuo? Fue un muy buen augurio". Como adjetivo, en inglés, loving significa amoroso o amante de algo y también es la forma continua del verbo love: amando. Cohen recordó que "tenían los pies en la tierra. Era gente muy poco pretenciosa. No eran liberales agitadores ni nada por el estilo. Eran simplemente personas corrientes". "Richard Loving era un albañil. Mi socio Philip Hirschkop, que finalmente vino a trabajar en el caso conmigo, solía reírse y decir que Loving era el provinciano sureño por excelencia. De hecho, tenía una tez muy clara y una marca de quemadura de sol roja alrededor del cuello", contó. "Era un hombre de pocas palabras, de voz muy suave, y Mildred fue la que más habló cuando nos conocimos".

Pese a que Cohen estaba entusiasmado con el caso, sabía que se asomaba una larga batalla legal, algo que sorprendió a la pareja. "Lo inusual fue la ingenuidad del señor y la señora Loving sobre la seriedad del caso legal en el que estaban a punto de involucrarse", evocó Cohen. "El señor Loving me sugirió que fuera a ver al juez para ver si podía hacerle cambiar de opinión cinco años después de que fueran declarados culpables". Cuando le explicó que eso no era posible y que el caso llegaría hasta la Corte Suprema de Estados Unidos, Richard se quedó boquiabierto. Watts explica que los abogados se encontraron con una ley de la década de 1860, la cual les permitió impugnar el fallo original de Virginia y llevarlo a la Corte Suprema como un caso de prueba. "Estaba bastante nervioso. Sé que dejé un charco de sudor en el atril en el que me paré mientras presentaba el argumento ante los jueces. Pero, desde entonces, he escuchado grabaciones de mi argumento y creo que lo hice mejor de lo que podía recordar", señaló Cohen.

Y así fue. Con voz clara y mucha determinación, en su histórica intervención el abogado defendió los derechos fundamentales de la pareja. El veredicto llegó con un "gran júbilo". "Estábamos felices con el resultado. Fue una decisión de nueve a cero a nuestro favor". La decisión permitía a los Loving vivir libremente en Virginia sin ser condenados. Lo ocurrido aquel 12 de junio de 1967 fue histórico: la Corte Suprema abolió la prohibición del matrimonio interracial vigente en varios estados. El presidente del tribunal calificó esas leyes como "insoportables para un pueblo libre". Cohen siempre estuvo orgulloso de su papel en la legalización del matrimonio interracial en Estados Unidos, considerándolo un caso trascendental que profundizaba no solo en lo legal, sino también en las emociones humanas.

El hecho que acabo de describir es de hace unas décadas. La sociedad estadounidense tiene serios problemas para asumir su pasado reciente, claramente racista. No solo no lo ha asumido, es que sigue vigente el racismo. Pero esta es otra historia.

Cándido Marquesán.