¿Cómo vivir la Semana Santa y el coronavirus? Sinceramente, es una incógnita. Es mi primera Semana Santa como alcalde, pero como cualquier persona que haya participado en una Rompida de Hora en Andorra, no me la imagino sin ella.

La verdad es que la Semana Santa de Andorra es abierta y dinámica. Es una Semana Santa que evoluciona y, sobre todo, es participativa y universal. Cualquier persona que viene a Andorra puede participar en ella como uno más.

En cuanto a la Rompida de Hora creo que es un acto que empieza ya por la mañana, con el bombo grande en la plaza de Regallo. Es un día especial, la gente está cambiada, tiene un sentimiento distinto. Es algo que se vive. Para las cuadrillas de amigos es como la Navidad para las familias. Es la fecha cuando se reencuentran todos ellos, no falta nadie.

Es el sentimiento justo antes, de camino a la Plaza de Regallo a las 12 de la noche, cuando faltan 5 minutos y parecen horas. Es cuando, de repente se hace el silencio y sin darte cuenta tienes la mano levantada. Es un momento único e íntimo, cuando cada uno piensa en algo o alguien importante para él.

Esta vez será igual. Será cuando estemos en el balcón esperando a que lleguen las 12 y sin darnos cuenta levantemos la mano cuando se aproxime la hora. Se tocará y se volverá a compartir y tener esa sensación de intimidad. Este año una circunstancia inédita, que parece casi cinematográfica, hará que lo hagamos de forma distinta, desde nuestras casas.

Estoy seguro que cuando pase todo esto, el coronavirus nos habrá hecho mejores personas, mejor sociedad, y espero que no lo olvidemos. Que no olvidemos lo que ahora estamos haciendo. Cómo valoramos a nuestros sanitarios, al personal de las residencias, a las fuerzas de seguridad, a los voluntarios… Es asombroso como algo tan malo ha sacado de nosotros lo mejor. Espero que cuando vuelva la normalidad, nosotros no volvamos a ella y sigamos teniendo este espíritu. Si el coronavirus ha sacado lo mejor de nosotros como sociedad, va a sacar lo mejor de nosotros este Jueves Santo. Será distinto, sí. Pero no va a poder con nosotros.
La noche del Jueves Santo todos tendremos los mazos en las manos, la piel de gallina y el silencio se convertirá en estruendo, la quietud en temblor. No será solo desde esa hora.

Seguro que ese día, la sensación que se tiene ya desde por la mañana: los nervios de preparar los bombos, los tambores, las túnicas…, la volveremos a tener en nuestra casa preparándonos en nuestros balcones y ventanas. Así se vivirá la Semana Santa en Andorra. Separados, pero más unidos que nunca.

Antonio Amador – Alcalde de Andorra