Me enfrento hoy a estas líneas con algo de melancolía y aversión. La senda que vengo recorriendo en los últimos tiempos se desdibuja al fondo y no sé que dirección tomará. El futuro es incierto pero puedo vaticinar que la vista me alcanza para vislumbrar un nuevo horizonte. Todavía está por ver cuál será pero el presente concreta que hoy cierro mi etapa en La COMARCA después de tres años en la que siento como mi casa.

Más de 1000 días entre la ciudad del Compromiso y la de la Concordia, entre Radio Caspe y Radio La Comarca. Al pensarlo y escribirlo algo se encoge dentro de mí y siento algo de vértigo pero os aseguro que he disfrutado y aprendido muchísimo por el camino. Ya no volveréis a escuchar mi careta en el Hoy Es Tu Día ni tampoco os acompañaré en las mañanas con el Hoy por Hoy. Tampoco me leeréis más en la sección de deportes del periódico digital o en las páginas de este periódico que lleva dando voz al Bajo Aragón durante tres décadas. Si os soy sincero todavía se me hace difícil de pensar pero también puedo asegurar que me siento un afortunado de haber contribuido en este altavoz y desde la tierra que me ha visto crecer. Pero hay que ser justos y ahora siento que hay que parar. Todo tiene su principio y su final.

Eso sí, quiero dar las gracias antes de despedirme. Miro mi teléfono y veo un buen puñado de amigos que he hecho por toda la Tierra Baja durante este tiempo y también, por supuesto, dentro de la redacción. Esas cervezas juntos tras jornadas interminables han sabido siempre a gloria. Gracias a todos, de verdad. También a todos los que habéis estado al otro lado del teléfono y lo habéis hecho siempre tan fácil.

No puedo nombrar a todos con nombres y apellidos pero no quiero dejar de mencionaros a vosotras: María, Iulia y Alicia. Y a ti, mamá. De una forma u otra gracias por acompañarme y entenderme siempre. Por arroparme y querer lo mejor para mí en todo momento. Por ayudarme a crecer y por llenarme de valor. Sin vosotras no sería lo que soy. Gracias.

Os voy a echar de menos pero estoy seguro de que de una forma u otra nos seguiremos leyendo y escuchando. Y ya saben, sean felices, porque no tiene sentido otra cosa.

Eduard Peralta. En voz alta