El forofismo es la actitud de defensa apasionada, incondicional e incluso irracional hacia un equipo deportivo, a un partido político, a una persona o a una idea. Derivado de la palabra "forofo" (hincha fanático), el término describe un enfrentamiento extremo donde la lealtad ciega la realidad objetiva.
Sus características principales son: la falta de objetividad, que justifica cualquier acción o error cometido por el bando propio y se critican duramente los aciertos del rival. La necesidad de formar parte de un grupo y compartir una misma identidad fomenta un sentimiento de pertenencia muy fuerte ("nosotros contra ellos"). Aunque nació en el fútbol, el forofismo se ha extendido a la política, los debates sociales, la tecnología, el entretenimiento y las redes sociales.
Hoy vemos cómo se manifiesta en: la política, el deporte y la sociedad, con una división extrema entre ideas o partidos donde se defiende lo propio sin importar si es correcto o no. En las tribus urbanas, con grupos de jóvenes con una misma forma de vestir, gustos musicales y costumbres, y en Internet, con peleas en redes sociales entre seguidores de marcas, equipos o ideologías contrarias.
Todos ellos comparten una estructura psicológica y social idéntica basada en la identidad grupal, la polarización y el forofismo. Este fenómeno transforma la ideología o la simpatía en una devoción de lealtad ciega.
Ambas esferas dividen a la sociedad en dos bandos cerrados. El rival no es un competidor, sino un enemigo al que batir.
El forofismo es rentable. En los medios de comunicación, la gestión del forofismo y la mezcla entre deporte y política se trata como un modelo de negocio basado en el entretenimiento y la emoción, más que en la información pura. Los medios han descubierto que la neutralidad apenas vende y lo que más vende es el conflicto.
Los informativos y debates se transforman en espectáculos. Se priorizan los gritos, las opiniones extremas y los rostros polémicos frente a los analistas técnicos o moderados.
Los medios tradicionales y digitales se posicionan claramente en un "bando" (ya sea un equipo de fútbol o una corriente política). Esto asegura una audiencia fiel que busca que el medio valide y valide constantemente sus propios sesgos.
Tanto los torneos deportivos como las campañas electorales de cualquier tipo se gestionan con tramas de héroes, villanos, traiciones y "fichajes". Esto mantiene al público enganchado día a día con una fuerte carga dramática.
En el entorno digital, los titulares se diseñan para activar la indignación o el orgullo del usuario. Las reacciones viscerales generan más interacciones (likes, compartidos, comentarios), lo que aumenta los ingresos publicitarios.
El periodismo de camiseta que observamos en las tertulias (tanto políticas como deportivas), donde los periodistas operan abiertamente como portavoces informales de los clubes o de los partidos. La objetividad se sustituye por la defensa a ultranza del colectivo al que representan.
No consiste en defender la verdad, sino en gritar más que el contrario. Gritar en las tertulias actuales responde a la búsqueda de audiencia, la confrontación y el espectáculo mediático. Este hábito transforma el debate en conflicto.
Las causas principales son: la audiencia y negocio: el escándalo sube los datos de audiencia y engancha al público. Nadie deja hablar al otro para imponer su propia idea. Para polarizar el enfado, los programas premian la pelea verbal en vez del respeto.
Las consecuencias son: la pérdida de respeto porque se cambia el argumento sólido por el insulto y daña la convivencia y la calidad de la información.
Por ello, desde la propia sociedad sería necesario fomentar la educación, el respeto a los demás, la libertad de seguimiento y amor a unos colores. Que se mantenga ese romanticismo que parece pasado, en torno a la deportividad, la pasión y reunirte con amigos, sean seguidores de tus mismos colores o no. Esas charlas en el bar junto a un pabellón o un campo de fútbol en que conversas, socializas… mientras debates de tu día a día o del acontecimiento que vas a presenciar.
¡Opina pero respeta!
José Gil. *Cronista alcañizano


Ha dado usted en el clavo con este artículo. Actualmente uno puede tener miedo hasta de expresar sus ideas, todo por no entrar en una confrontación. Es una pena pero al final uno decide callar. Mucho tiene que cambiar esto y que la gente se dé cuenta y empiece a pensar un poco. Gracias José