La historia de la capilla del Pilar, situada junto al puente de Alcañiz, está ligada a una antigua tradición recogida por el padre Roque Alberto Faci en su obra del siglo XVIII.

Según cuenta la leyenda, Pedro de Sadón fue condenado a morir en la horca por un hurto. El día de la ejecución, pidió al verdugo que lo colocara mirando hacia la Virgen del Pilar de Zaragoza, de la que era devoto. Tras encomendarse a ella, se ejecutó la sentencia, pero el madero de la horca se rompió. El pueblo interpretó aquel suceso como un milagro y, según la tradición, Pedro fue indultado.

Este acontecimiento quedó grabado en la memoria de los vecinos y dio origen a la devoción que impulsó la construcción de la capilla en el mismo lugar donde se encontraba la horca.

La construcción está documentada en un acta del Ayuntamiento de Alcañiz del 10 de febrero de 1736, en la que se autorizaba levantar el pequeño templo junto al puente y trasladar allí la imagen de la Virgen, hasta entonces venerada en la capilla situada sobre la puerta de la muralla.

La devoción de los vecinos de la calle Mayor quedó reflejada en la obra Mesa Revuelta, de Taboada, quien recordaba que desde el 12 de octubre de 1736 se celebraban fiestas anuales en honor de Nuestra Señora del Pilar, con actos religiosos, bailes populares y, cuando era posible, toros y fuegos artificiales. Los vecinos también se encargaban de iluminar la capilla y guardar su llave.

Conservo el programa de las fiestas de 1942, que permite conocer cómo se celebraban entonces. El 11 de octubre, la fiesta comenzaba por la tarde con cohetes y cabezudos, y continuaba por la noche con baile público y toro de fuego. El día 12, festividad del Pilar, había diana por la mañana, misa en la excolegiata y un recorrido de cabezudos acompañados por la banda de música. Por la tarde se celebraba el Rosario General por varias calles de la ciudad y, por la noche, volvían el baile y el toro de fuego.

Entre los elementos más singulares de estas fiestas destacaban los cabezudos de Pica, que tenían dos caras, una mirando hacia delante y otra hacia atrás. Eran exclusivos de la calle Mayor y muy queridos por los vecinos. Su desaparición, sin que hayan sido reconstruidos, supuso la pérdida de una parte entrañable de esta tradición.

Durante décadas, la imagen de la Virgen del Pilar estuvo protegida por una construcción circular a modo de dosel. En 2006, el artista José Miguel Abril realizó el templete actual, sostenido por cuatro columnas de inspiración renacentista.

Cada año, durante la festividad del Pilar, los vecinos depositan ramos de flores a los pies de la Virgen. Este sencillo gesto mantiene viva una tradición centenaria y expresa la fe, el cariño y la gratitud hacia ella.

El Pilar de la calle Mayor ha mantenido viva la tradición con pequeños gestos de cariño que merecen ser contados para no caer en el olvido.

En la década de los ochenta, José Giner, conocido como el Trillero, compró una casa junto al puente, en la calle Mayor. Durante las obras de reconstrucción, encontró una imagen de la Virgen del Pilar en el patio. La limpió y la colocó en un lugar visible para que pudiera ser venerada.

Cuando una parte de la casa se derrumbó sin causar daños personales, José interpretó lo ocurrido como una muestra de la protección de la Virgen. Además, se comprometió con sus hijos a repartir almendrados entre quienes acudieran en procesión hasta la imagen el día de la fiesta. Sin embargo, un año la imagen fue robada y se sustituyó por una reproducción cerámica para mantener vivo el recuerdo y el significado de aquel lugar.

La historia del Pilar de la calle Mayor es la historia de una comunidad que ha sabido conservar su fe y sus recuerdos a lo largo de los siglos. Desde la leyenda de Pedro de Sadón hasta los almendrados repartidos por José Giner, pasando por las fiestas documentadas desde 1736 y los programas antiguos que hoy conservamos, todo forma parte de la memoria colectiva de Alcañiz.

Pepe Gil. Cronista alcañizano