Observo con tristeza cómo algunas personas atacan a los que defendemos nuestra lengua materna llamándonos mentirosos, mencionando en artículos publicados a alguno con su nombre y apellido. No haré yo tal cosa, pues no me parece elegante. El tener que atacar a otras personas ‘para tener la razón’ ya dice mucho de la persona que lo hace.

Los que hablamos Chapurriàu estamos orgullosos de ello, y no necesitamos insultar a nadie. Es obvio por origen común con otras lenguas que nos entendemos, ¿hablamos exactamente lo mismo? No. Nosotros simplemente defendemos nuestras peculiaridades.

Algunos catalanistas hacen las veces de autócratas llamándonos "anticatalanistas", "pancastellanistas" y "hablantes de chapurreado", como algo ofensivo.

Observo, esta vez con sorpresa, cómo citan un escrito que data de 1555, en el que aparece el nombre de ‘Valderrobres’ escrito correctamente, lo cual me sorprende, ya que vienen rotulando carteles con el nombre de nuestro pueblo de esta forma: ‘Vall-de-roures’ desde hace muchos años, volviendo por la carretera desde Cataluña. Es sin duda una incongruencia, ya que en otras ocasiones han afirmado que desde tiempos inmemoriales la segunda grafía es la correcta, pero citan un escrito de mediados del siglo XVI en el que es la primera la que se usa.

El problema lo tienen los que se creen superiores y creen que solo el catalán normativo es válido. Lo demás es "hablar mal", para ellos. Afortunadamente muchos otros reconocen las diferencias, valoran las similitudes, y respetan. Es muy enriquecedor para mi hablar con familiares y amigos que se dirigen a una persona en catalán y hablan el Chapurriàu al dirigirse a mi.

Por otro lado, negar la existencia de la Corona de Aragón o manipular su nombre es negar la historia y todas sus pruebas escritas de las que disponemos. Aquí no veo que tengan en cuenta entidades como la universidad de Zaragoza, que nombran para lo que interesa. En las Cortes de Aragón, todos los partidos políticos con representación en las mismas en 2018, por poner un ejemplo de tantos, coincidieron en que tergiversaciones del tipo ‘Corona catalano-aragonesa’ no son de recibo en manuales educativos.

Pero mi petición es muy humilde: déjennos hablar Chapurriàu, mantener nuestras costumbres y giros lingüísticos y dejen de insultar: el ser maleducados no les da la razón.

María Teresa Alejandre. Valderrobres. El mundo del Chapurriau