Septiembre siempre llega con ese momento de volver a la rutina. Después de unas semanas de fiestas, vacaciones, días largos y horarios más relajados, toca volver poco a poco a la normalidad. Pero este año la vuelta se siente algo diferente. Venimos de un verano especialmente caluroso, de esos que cuesta olvidar.
En nuestros pueblos lo hemos notado bien. Hemos pasado muchas semanas buscando la sombra, esperando a que bajara el sol para salir a la calle y aprovechando las noches para poder respirar un poco mejor. El calor ha condicionado nuestros horarios, nuestras actividades y hasta la manera de disfrutar de algo tan sencillo como sentarse un rato en la plaza o salir a dar un paseo.
Ahora, con la llegada de septiembre, los colegios vuelven a abrir sus puertas, las vacaciones quedan atrás y el pueblo recupera poco a poco su ritmo habitual. En verano, nuestras calles y plazas se llenan de vida con la llegada de quienes vuelven a su pueblo, de familiares y amigos que vienen a pasar unos días y de quienes aprovechan para disfrutar de nuestras fiestas y de todo lo que ofrece el verano.
Septiembre marca el momento de despedir ese ambiente y volver a los horarios y rutinas de cada día.
Este verano nos deja, además, algo sobre lo que merece la pena reflexionar. Los datos nos hablan de temperaturas cada vez más elevadas y de veranos que baten récords con una frecuencia que hace unos años nos habría parecido difícil de imaginar.
No se trata solo de cifras. El calor afecta a nuestra vida cotidiana, especialmente en los pueblos, donde buena parte de nuestra actividad se desarrolla al aire libre y donde muchas personas, especialmente nuestros mayores, son más vulnerables a las altas temperaturas.
Todo esto nos obliga también a pensar en nuestros municipios. En la importancia de contar con zonas de sombra y espacios agradables, en adaptar horarios y actividades cuando las temperaturas son extremas y, en definitiva, en cómo hacer que nuestros pueblos sigan siendo lugares cómodos y agradables para vivir.
Pero septiembre también trae consigo algo positivo: el reencuentro con las pequeñas rutinas que forman parte de nuestro día a día. Los niños vuelven al colegio, retomamos el trabajo y recuperamos poco a poco la tranquilidad después de un verano intenso.
Quizá este otoño sea una buena oportunidad para disfrutar de todo ello de otra manera, siendo conscientes de que el clima está cambiando y de que también nosotros tendremos que adaptarnos.
De momento, disfrutemos de este pequeño respiro que nos ofrece septiembre. Volvamos a nuestras calles, a nuestras plazas y a nuestros encuentros. Porque volver a la normalidad también puede ser una buena forma de empezar de nuevo.
Jesús A. Puyol. PP / Híjar

