Cada vez resulta más complicado seguir la actualidad. Y no por falta de tiempo ni de interés, sino por el malestar que generan ciertas noticias. Escucharlas te da una angustia que te acompaña todo el día. Y ya le puedes sonreír a la vida que no consigues quitarte el nubarrón de encima de ninguna de las maneras.
Hace unos días, mientras venía a trabajar, escuché en la radio una de las últimas noticias que me ha dejado perpleja: «En España, los autónomos dedican, de media, doscientas horas al año en trámites con la administración.» Doscientas horas, o lo que es lo mismo, veinticinco días al año en jornadas laborales de ocho horas, está un autónomo enfrascado con trámites burocráticos. Si hiciese este trabajo seguido, podría empezar hoy mismo y no acabar con el papeleo hasta el 6 de marzo. Veinticinco días sin producir, sin que el propietario de un bar sirva un solo café a un cliente, sin que un comerciante levante la persiana de su establecimiento, veinticinco días dedicados exclusivamente a cumplir obligaciones fiscales, laborales, de Seguridad Social y de cuantas normativas quieran colocarnos.
Doscientas son muchas o pocas horas al año, según se mire. A priori me parecen una auténtica barbaridad pero si me paro a pensar un poco, son tantos los documentos que hay que cumplimentar cuando te enfrentas a la administración que no los acabas ni en veinticinco ni en cincuenta días.
Y para muestra un botón. En nuestra última tribuna que escribimos en este periódico comentábamos las numerosas y complejas normativas turísticas que se han convertido en el caballo de batalla del sector turístico. Normas como el nuevo registro de viajeros con el que, a través de la plataforma del Ministerio del Interior, todos los propietarios de alojamientos turísticos deben registrar a sus clientes. Su aplicación no resulta todo lo sencilla que debieron de considerar desde los despachos del Parlamento Europeo, y luego desde Madrid, al redactar este Real Decreto. Y es que es un trámite telemático que requiere identificación digital para poder realizarlo y, por tanto, que haya buena conexión a internet. No les debió de parecer suficiente enrevesado el procedimiento que el 31 de diciembre, como colofón de año, decidieron publicar una nueva orden que complementaba la normativa anterior. Una norma que establecía el modelo que hay que presentar, de forma anual en el mes de febrero ante el Registro de la Propiedad, en el que los alojamientos turísticos tienen que volver a confirmar los clientes que han tenido a lo largo del año. ¿No dispone el Ministerio ya de esa información? Por supuesto que sí, ya que cada vez que tenemos un cliente lo tenemos que registrar en la plataforma. ¿Invertimos esfuerzo y tiempo realizando un trámite que, aparentemente, duplica el trabajo anterior? Por supuesto que sí, también.
Explicarles esta sucesión de normas a nuestras empresas asociadas no resulta nada fácil porque son tan complejas de interpretar que no sabemos cómo hacerlo. Así que llamamos desesperados en busca de información a todos los organismos que tenemos a mano y a los que no también, pero, como nosotros, nadie sabe nada. Por no hablar de que el pequeño empresario, el autónomo que invierte ya doscientas horas en atender la burocracia de la administración, está agotado de tanta gestión, de tanto documento y de tanta presión.
Doscientas horas de práctica te permiten alcanzar un nivel intermedio tocando la guitarra. Si las dedicas a estudiar un idioma puedes llegar a comunicarte de manera sencilla en otro país. Con doscientas horas de entreno puedes prepararte una media maratón. Visto lo visto, una pena que los autónomos tengan que dedicar su tiempo libre a atender toda esta burocracia administrativa.
Nieves Ballestero Pascual. Gerente Empresarios Turísticos Bajo Aragón


Efectivamente, excesiba buricracia y papeles farragosos. Pero a los oficinistas que tienen que dar marcha a los tramites, les falta rasmia, mucha rasmia.