Señora directora:
Deberíamos empezar por aclarar algunas ideas. El Nudo Mudéjar no era ni es, por sí mismo, un proyecto de desarrollo industrial para Andorra. Como tampoco lo fue en su día la explotación del carbón, impulsada por una necesidad energética nacional. Las grandes compañías utilizaron entonces los recursos autóctonos y ahora hacen lo mismo con el viento y el sol, acompañando sus proyectos de determinadas promesas para el territorio.
El Nudo Mudéjar es, esencialmente, un punto de conexión y evacuación de la energía renovable que se produzca. No es un polígono industrial ni supone, a día de hoy, la llegada del agua desde Calanda. A Endesa se le redujo la potencia adjudicada a 406 megavatios, que son los que desarrollará dentro del área económica y social de Andorra.
La potencia restante, alrededor de 900 megavatios, será reasignada a otras compañías interesadas, como Catalina, Iberdrola o EDP, que también presentarán compromisos de inversión y empleo. Pero ese despliegue seguirá siendo, fundamentalmente, un proyecto de generación energética, no un proyecto industrial.
Por eso, el verdadero debate no debería reducirse a «renovables sí, pero no así». La cuestión central es qué industrias y qué recursos hídricos están dispuestas a impulsar en Andorra las distintas administraciones, especialmente el Gobierno de Aragón.
Existen proyectos alternativos vinculados a la reasignación de potencia que pueden gustar más o menos. Uno de ellos es Catalina, interesado en generar energía renovable y conectarse a la subestación Mudéjar. Sus 937 megavatios aportarían robustez técnica al proyecto y contribuirían a equilibrar el sistema eléctrico, al igual que las baterías de 49 megavatios previstas por Endesa en el parque de carbones.
Catalina plantea, además, una planta de electrólisis de 500 megavatios para producir hidrógeno verde. Pero para fabricar hidrógeno hacen falta energía renovable y agua. No deberíamos limitarnos a transportarlo hacia Valencia, Francia, Barcelona o Marsella: habría que atraer industrias a Andorra, Alcañiz y su entorno capaces de utilizarlo.
Desde Oliete y Andorra circulan diariamente cientos de camiones cargados de arcilla hacia Castellón. ¿Por qué no imaginar esos vehículos utilizando hidrógeno verde? ¿Y por qué no transformar esa arcilla en el Parque Empresarial de Andorra, empleando también ese hidrógeno como fuente energética?
En definitiva: industrias en Andorra, sí; agua desde Calanda, también. Los 937 megavatios pendientes de adjudicación no son, por sí solos, ni el problema ni la solución. Andorra lleva esperando la llegada del agua desde 2005. Ese es el verdadero debate.
Miguel Ángel Mesa Raya - Andorra

