Dicen que lo peor del paso del tiempo son las ausencias, aunque tampoco se queda atrás el ver como se derrumba el mundo que conociste. Reconozco que soy de los que padecen de mal de nostalgia, del aferramiento romantizado de un pasado que probablemente no fue como quedó atrapado en mi retina. Los pasajes que se suceden por mi memoria y no volverán, me llevan a varios autobuses cargados de trabajadores de la mina y la central, a esa plaza del Regallo repleta de nuestros mayores viendo pasar el tiempo posados sobre un barandado que ya tampoco existe. A la avenida San Jorge tan llena de coches como de niños las dos escuelas.

De esa Andorra mentada quedan cosas, pero todo ha cambiando, igual que para nuestros antecesores también el pueblo cambio respecto a generaciones anteriores, porque así son las cosas y así es la ley de la vida, solo que el corazón se aferra a los citados sentimientos, en cambio, la cabeza, te obliga a volver a la realidad, y la realidad contra más la mastico más sabor a dudas me deja. Quiero creer en que lo mejor es dejar margen, usar la paciencia y no prejuzgar, pero contra más vueltas le doy, más me tira el demonio de las dudas.

Dudas de ver si la imposición de las renovables a gran escala va a servir de verdad para garantizar un futuro mejor con más posibilidades, o va a servir para llenar aún más bolsillos rebosantes a los que ya no les cabe más dinero. Veo el mar de placas entre Escatrón y Chiprana y reviso los censos, y veo que sigue descendiendo la población. Veo el otro mar de placas que ya empezamos a tener por Andorra e irremediablemente, no paran de venirme a la cabeza miradas casi ancestrales de aquellos que vivieron y convivieron con nuestros montes y creo que por desgracia las placas hoy reflejarían más bien una lágrima que una sonrisa. No paro de pensar que seguimos siendo los paganos de todos los timos de eléctricas y mercaderes que nos hacen tragar con ruedas de molino.

El carbón es pasado, pero creo identidad, trabajo, orgullo y riqueza, ni es igual ni debe serlo, pero lo de ahora espero que cree algo más que espejismos. Veo la foto de los alcaldes y cargos que han firmado, veo los rostros de Lambán y compañía y lo que menos veo, por desgracia, son miradas limpias, que también las habrá, pero a uno le cuesta fiarse de determinados personajes. Veo las sonrisas entre algunos ediles andorranos y pienso, qué fácil es jugar con las cartas marcadas y que la partida, aunque sea un poco, la gane el pueblo. Insistí hace poco en que hay que dar margen y alternativas, que no podemos alzar la negativa como estandarte, pero cuando ves que lo mismo les dan los Majalinos que zonas de menos valor natural o paisajístico, piensas en que se viene una indigestión importante, de lo que esperamos sea algo más que un plato de lentejas.

Victor Puch. Sal en la herida