Todos los veranos, nos encontramos con episodios parecidos donde los incendios, en mayor o menor medida y en función de la pluviometría del invierno y primavera, nos encontramos con montes plagados de vegetación apta para usos ganaderos pero incompatible con la prevención de incendios.

En el Bajo Aragón, después de incendios en comarcas cercanas y no tan cercanas pero en la comunidad, hemos pasado por una semana donde el Bajo Aragón se ha convertido en lugar de afección por incendios y de acogida. El lunes empezamos con el desalojo de Molinos, donde los alcorisanos, con su alcalde y teniente alcalde al frente, hicieron de anfitriones de una población que, con el mayor de los dolores de corazón, el de tener que abandonar el hogar, eran recibidos por un municipio amigo, acogedor y con la intención de que las horas que allí pasaran fueran lo más agradables que la situación permitiera. Lo consiguieron, o al menos estoy convencido de ello. No hay que obviar a las fuerzas de orden público y los servicios sociales de las comarcas afectadas; la del Bajo Aragón, como anfitriona, puso todas las personas disponibles y con los vehículos de transporte social adaptado, para hacer más llevadera la situación.

En las miradas de las personas había una mezcla de temor, mucho temor, pero a la vez resignación y resiliencia, a la espera de mejores noticias y una vuelta a casa con la mayor brevedad.

Entre todo esto, otro incendio, este sí, en nuestra comarca, entre Cañada y Cerollera, donde ahí se vio la unión de los vecinos, sin importar el código postal o el municipio, poniendo los medios agrícolas disponibles para atender las órdenes de la dirección del operativo.

Fueron días duros, muy duros, donde, gracias a los efectivos aéreos, el 112, Bomberos e INFOAR, UME, con el Gobierno de Aragón y sus APN, dieron una muestra de profesionalidad y trabajo sin descanso, ganando, si el tiempo lo permitía, metro a metro al fuego, sin peros, sin descanso, con el valor que la experiencia da, y en ocasiones arriesgando bastante más de lo que nos parece. Un puzle donde cada pieza es necesaria, donde no se termina hasta que todas ellas están donde deben.

Visto lo vivido y la altura estival en la que nos encontramos, es prioritario ser precavido y, sobre todo, prudente, porque un incendio cuesta muy poco empezar, pero cuando empieza no se sabe todo lo que se va a llevar por delante ni cuándo va a terminar.

Es labor de todos hacer caso de las indicaciones, por respeto y responsabilidad, porque os aseguro que la mirada de una persona que acaba de abandonar su hogar es algo que realmente impresiona, y es algo que, aunque no siempre, a veces se podría evitar.

Jose Miguel Celma. PP / Torrecilla de Alcañiz