Si no lo consideramos así, no entenderemos nada. Entre los últimos presidentes hemos tenido un "bobo solemne" y un "narcisista engreído", que nos han ofrecido (y están ofreciendo) numerosos y variados asuntos de corrupción: nepotismo, apego al poder y ganas de "construir un muro" para hacer imposible la alternancia política que es imprescindible en toda democracia.
Escribo palabras fuertes, sí, pero avaladas todas por las noticias de los telediarios, los que, además, no suelen ser objetivos, sino partidistas o sectarios. Nuestros políticos son como los típicos payasos de circo: hay listos y tontos, con sus gracias, ocurrencias, despropósitos e incluso carcajadas histriónicas.
A una nación centenaria como es España la descosen por las costuras de su inmensa y azarosa Historia de antiguos reinos y condados medievales si con eso consiguen poder gobernar. No hay ética ni programa que mande; solo intereses.
Pero pasó la época de la fe o creencia en teorías liberadoras. Aquellos años 20 del siglo XX en que competían comunismo, capitalismo democrático y los diversos fascismos; años que derivaron en la catástrofe de la II Guerra Mundial, que no consiguió más que dividir el mundo en dos bloques irreconciliables que entraron en "guerra fría"; pero poderosos y arrogantes ambos.
Ahora estamos sentados en las brasas de lo que quedó de la evolución de aquellas dos hogueras o maneras enfrentadas de ver el Mundo. Son como dos sillones desfondados que muestran sus viejos muelles oxidados y su relleno de sucia guata y gomaespuma: una Rusia guerrera; una Cuba miserable; una USA insolidaria.
Sillones a los que aún acuden ilusionados los que fueron marginados de toda comodidad en los años del colonialismo; y que ahora, en un mundo interconectado, que ha devenido en plural por el fenómeno de la emigración masiva, aún creen poder sentarse cómodamente en ellos.
Pero parece que no estamos preparados para asimilar y aceptar esos cambios: mantenemos religiones milenarias que, más que concordia, originan diferencias, reivindicaciones y autoafirmaciones que nos siguen separando y llevando con facilidad al enfrentamiento, a veces cruel y desalmado.
Por encima de todo sigue primando don Dinero y don Poder, de los que ya dejó dicho todo el poeta pendenciero don Francisco de Quevedo. Y así tenemos una Rusia belicosa, una Venezuela desgarrada, un Israel irredento y cruel, y un Irán integrista que financia a un Hamás violento y terrorista. Tenemos un pueblo palestino masacrado, víctima de un viejo reparto británico mal hecho. Y solo son algunos ejemplos de este mundo enloquecido.
Circo de locos, pues, el mundo contemporáneo, con sus notables y nefastos payasos: Putin, Trump y Netanyahu. Payasos a los que hay que sumar, desde el 30 de julio, a todo el gobierno español, abobado, inoperante, confuso y mentiroso ante lo ocurrido en Ceuta por inducción de su "fiable socio marroquí", el Rey de Marruecos.
La entrada de hasta 80.000 migrantes en Ceuta no fue un flujo natural. Fue un flujo preparado e inducido que jugó con la necesidad y con la credulidad de gente desesperada; y que dejó a Ceuta conmocionada, con miedo, y sola. Hubo quienes quisieron crear caos y desestabilización, y lo han conseguido.
Alejo Lorén


Querido Alejo: El titulo de tu columna me ha producido nostalgia. Porque el circo de nuestra juventud no fue de locos, fue otra cosa bien distinta a partir de 1972 cuando TVE nos ofreció a los hermanos Aragon, «Los Payasos de la Tele». Niños y mayores cantabamos con ilusión aquellas palabras que decían «había una vez un circo que alegraba siempre el corazón»
Hoy nuestras televisiones son, como bien dices, circos de locos que no tenemos que buscar fuera de España. Ya no hay chistes, ya no hay humor, ya no hay canciones alegres. Las apariciones de los politicos son indeseables y los programas «de opinión», con unos opinadores que nos avergüenzan, no podemos dejar que los vean nuestros nietos.
Creo en la Ley del Péndulo, y sé que después de este ciclo, que ya se acaba, los españoles tendrán, o tendremos un nuevo ciclo que haga felices a los niños y a sus padres. Gracias Alejos por explicar la verdad. Esperemos que los locos vayan al manicomio de los incurables. En otros tiempos se hubiera dicho «que se vayan al infierno».
Un abrazo
D.Alejo describe el caos político como un circo y, siendo sinceros, cuesta no ver que en la crisis de Ceuta hubo algo más que simple incompetencia. La reacción del gobierno fue tan lenta, tan confusa y tan contradictoria que uno no sabe si estaba improvisando o si ya conocía el guion antes de que empezara la función. Porque una cosa es no saber gestionar y otra muy distinta es actuar como si la situación no sorprendiera a nadie en los despachos.
Mientras Marruecos movía ficha con una precisión que no se ve ni en los mejores ajedrecistas, el gobierno español respondió con una serenidad que no encaja con la gravedad del momento. Parecía más preocupado por mantener una imagen de calma que por proteger a Ceuta, como si la prioridad fuera evitar preguntas incómodas sobre lo que sabían y cuándo lo sabían. Y esa tranquilidad forzada deja un aroma extraño, un aire de que quizá la sorpresa no fue tan sorpresa.
El autor habla de payasos y acierta. Aunque en este caso no hacen reír. Porque cuando un gobierno se comporta como si una crisis inducida fuera un simple contratiempo administrativo, cuando evita señalar a los responsables evidentes y cuando actúa como si todo estuviera dentro de un plan perfectamente asumible, uno empieza a preguntarse si la pasividad fue casual o si formaba parte de un pacto silencioso que nadie quiere explicar.
España no parece un país gobernado, parece un escenario donde algunos actores conocen el libreto completo y otros solo improvisan para que el público no note las costuras. Y en ese teatro, la sospecha de que hubo más manos moviendo los hilos de lo que se admite públicamente es difícil de ignorar.