Querido Mundo Rural: Nunca he entendido porque a los que vivimos a tu lado nos tratan de garrulos. Este estereotipo ronda por el mundo desde hace mucho tiempo y considero que ya es hora de erradicarlo.
Cuantas tardes he pasado yo viendo las películas de Paco Martínez Soria en la cocina de mis abuelos y, aunque me encantan por el recuerdo, tengo que admitir que muy buenas películas con las que puedes llorar de la risa, pero… ¡Cuánto han exagerado a las personas de pueblo!
En La ciudad no es para mí, Paco Martínez Soria interpreta a un hombre de pueblo que llega al Madrid de los años 60 vestido con su boina negra y su camisa de labrador al que le cuesta entender los entresijos de la ciudad y, a pesar de que algunos le tratan de ignorante, con su desparpajo y su carácter fuerte consigue sobrevivir a su estancia en la ciudad.
No te voy a mentir, yo también he llegado a sentir que la ciudad no era para mí. Cuando tuve que dejarte y marcharme a la capital aragonesa para estudiar, metí varias veces la pata. Recuerdo que una vez me equivoqué de línea de tranvía y, en vez de ir hacia el Pilar, me fui hasta el barrio de San Gregorio o, en otra ocasión, no sabía que se debía solicitar la parada en el autobús para bajar y mi acompañante se rio de mí. Aquella vez me trataron de ignorante, pero no por ese error soy menos inteligente que una persona de ciudad.
A pesar de lo que piense la gente, para nada tus vecinos son incultos, es más, creo que desarrollan como nadie la originalidad. ¿Cuántos son los que se adentran en la aventura de un emprendimiento? Jabones artesanales, manualidades hechas a mano, ropa customizada… Definitivamente la gente de pueblo sabe muy bien sacarse las castañas del fuego de una manera original.
Y eso que se dice que a tu lado solo se quedan los incultos… también discrepo en eso. La gente con estudios se tiene que ir porque, lamentablemente, a ti no te dan la oportunidad de ofrecerles un futuro acorde a su nivel académico. Quizás generalice, pero la gran mayoría de los que se van, no tendrían problema en volver si tuviesen oportunidades laborales.
Me sorprende que actualmente todavía se mantengan estos estereotipos. Tal vez lo que más rudo parezca sea nuestra forma brusca de hablar o quizá nuestra personalidad desvergonzada. ¿Acaso no es ese nuestro encanto? Nuestros acentos, nuestras expresiones, la amabilidad y cercanía con la que nos tratamos… Bueno, si eso es ser un garrulo, yo estoy muy orgullosa de serlo.
Nos vemos pronto.
Emma Falcón. Cartas al mundo rural


Muchos de gran ciudad también son «garrulos urbanos» cuando vienen al campo. Hay muchas anécdotas como las que cuentas pero al revés, como un amigo mío de Zaragoza que se echó una oliva del árbol a la boca y tan feliz, hasta que la masticó….
Creo que la palabra garrulo, no la estas usando correctamente y mucho menos los que así califican a los de pueblo. Si viste las películas de Paco Martínez Soria, este jamás fue un garrulo, fue un Hombre de Pueblo.