Con la conmemoración del día 8 de marzo, muchas seguimos preguntándonos si realmente la sociedad es consciente de todos los techos de cristal a los que nos enfrentamos las mujeres, sobre todo aquellas que hemos decidido dar un paso adelante y liderar diferentes proyectos. Me refiero a las que ocupan puestos relevantes en empresas, presiden asociaciones, son altos cargos y gerentes, o incluso, se dedican a la política como yo.

Eternamente juzgadas es como nos sentimos porque somos madres, hijas, esposas…, pero ante todo somos valientes, sensatas y capaces. Cuando una de nosotras (y me refiero a las mujeres en general) decidimos primar el ámbito laboral frente al familiar tenemos que escuchar comentarios como: "Si trabajas tanto te vas a quedar solterona toda la vida", "¿No crees que se te está pasando el arroz?", "Deberías pedirte una reducción de jornada para cuidar de tu hija", "Si estás tanto tiempo fuera, ¿quién se ocupará de la casa?". Infinidad de comentarios de este estilo se repiten diariamente a lo largo y ancho del país y, como no, también en nuestros pueblos. Es evidente que, a pesar del incansable esfuerzo por avanzar en feminismo, parte de la sociedad sigue sin darse cuenta de que este tipo de micromachismos hacen que perpetuemos, generación tras generación, un mal endémico crónico y una forma de pensar y actuar en consecuencia que perjudica a nuestra sociedad.

No todo puede ser negativo, y estoy convencida de ello. La cuarta ola feminista está calando en muchas de las mentes que critican el estado patriarcal en el que hemos estado viviendo y que, durante décadas, ha sido nuestra sombra. Ahora, por cada hombre que manifiesta en voz alta ser feminista, la sombra comienza a desvanecerse para dar paso a la luz. Solo así, aunando esfuerzos, puede erradicarse la lacra social que supone la violencia de género desde todas sus facetas.

Incluso cuando se ha logrado que una inmensa mayoría de hombres y mujeres se definan como feministas, nos encontramos en la tesitura de tener que definir una y otra vez qué significa el feminismo. El esfuerzo, por tanto, debe continuar.

Me desconcierta que partidos políticos de extrema derecha vendan la idea de que el feminismo significa hembrismo. No cabe duda de que no saben gestionar su tiempo, si supiesen hacerlo lo dedicarían a buscar la definición de feminismo en lugar de menospreciar el papel de la mujer. Pero no sólo partidos como Vox nos intentan humillar públicamente, también el PP, a pesar de que ahora parece dar un giro de 90º y apuesta por apoyar las medidas que desde la izquierda llevamos siglos intentando instaurar, nos ha hecho un flaco favor todo este tiempo. De hecho, si nos remontamos a la primera Ley de Igualdad que Zapatero llevó al Congreso, como era de esperar, el PP utilizó la estrategia de abstenerse para que socialmente no le repercutiese su voto en contra. No obstante, lo que ellos no esperaban es que, a pesar de no poder contar con su apoyo en nuestra lucha, nosotras siguiésemos dando pasos para conquistar derechos. Nunca hemos dejado de hacerlo. Espero que este cambio repentino de actitud sea debido a que realmente son conscientes de la necesidad que supone construir una sociedad más justa e igualitaria, donde nosotras ocupemos no solo en el presente, sino también en el futuro, el papel que nos corresponde.

Muchas han sido las trabas a las que hemos hecho frente en el camino. Sin embargo, con el Día Internacional de la Mujer queda constancia que los y las feministas continuamos dando pasos para llegar a la meta; esa en la que el día 8 de marzo, y el resto de los 364 días del año, lleven por bandera la plena igualdad.

En definitiva, por esas ganas incansables de mejorar el mundo, por justicia social, por ocupar el lugar que nos pertenece en la sociedad y por estar cansadas ya de ser las eternamente juzgadas: somos y seremos mujeres empoderadas.

Susana Traver. Diputada de igualdad en la DPT