Es imposible esta semana no hablar de Gaza. Seguramente, cuando se publique este artículo, habrán ocurrido aún más horrores de los que puedo relatar hoy. Y es que la situación ha superado todos los límites de la barbarie.

Lo que comenzó como una respuesta militar de Israel tras los ataques del 7 de octubre de 2023 se ha transformado, sin tapujos, en una operación de aniquilación sistemática de una población entera. No es solo una guerra, es un genocidio en curso. Miles y miles de palestinos han muerto, la mayoría mujeres y niños. Y la comunidad internacional, salvo algunas voces valientes, guarda un silencio cómplice.

Israel ha destruido barrios enteros, hospitales, escuelas y centros culturales. Ha bombardeado campos de refugiados y ha impedido la entrada de ayuda humanitaria, utilizando el hambre como arma de guerra. Según Naciones Unidas, más de un millón de personas sufren inseguridad alimentaria extrema, y cada día se confirman nuevas muertes por inanición, especialmente de niños.

Ahora, el gobierno de Netanyahu ha aprobado un plan para ocupar completamente la Franja, ignorando incluso las advertencias de sus propios mandos militares. Es una estrategia deliberada de limpieza étnica, cuyo objetivo es hacer Gaza «inhabitable». No es una guerra: es un genocidio, ejecutado ante la mirada de una comunidad internacional paralizada.

La complicidad de potencias como Estados Unidos o la Unión Europea, que condenan la violencia de Hamas pero toleran la masacre de civiles palestinos, demuestra una doble moral repugnante. Lo que en cualquier otro lugar sería considerado crimen de guerra, aquí se justifica como «autodefensa».

Negar que en Gaza se está produciendo un genocidio es cerrar los ojos ante lo evidente. El Derecho Internacional define genocidio como la destrucción total o parcial de un grupo nacional, étnico o religioso. Eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Alcañiz, históricamente solidaria con el pueblo palestino, no guarda silencio. Por eso, el próximo miércoles 13 de agosto, está prevista una concentración en el solar de sindicatos para exigir el fin de la masacre, el cese del bloqueo y la rendición de cuentas ante la Corte Penal Internacional.

No podemos mirar hacia otro lado. Si el mundo permite que Gaza desaparezca, lo próximo que desaparecerá será nuestra conciencia.

María Milián. IU / Alcañiz