Uno de los principios fundamentales de cualquier sistema público de salud es garantizar una atención sanitaria accesible y de calidad para toda la población. Esta obligación adquiere una relevancia especial cuando surgen dificultades para disponer de los recursos humanos necesarios en determinadas especialidades o centros asistenciales.
En el ámbito del Servicio Aragonés de Salud, como en otros servicios de salud de nuestro país, la utilización puntual de recursos externos no constituye una práctica nueva ni excepcional. Históricamente se ha recurrido a diferentes fórmulas de colaboración cuando los medios propios resultaban insuficientes para cubrir determinadas necesidades asistenciales. El objetivo siempre ha sido el mismo: asegurar que los ciudadanos reciban la atención que necesitan en tiempo y forma.
La prioridad debe ser, sin duda, prestar la asistencia mediante profesionales y recursos propios del sistema sanitario público.
Cuando en un momento determinado no es posible cubrir una necesidad asistencial con los profesionales del propio centro, la siguiente opción lógica consiste en contar con el apoyo de otros profesionales de la misma especialidad pertenecientes al Servicio Aragonés de Salud. La colaboración entre centros y equipos ha sido tradicionalmente una herramienta eficaz para responder a situaciones de déficit puntual de personal.
Sin embargo, existen circunstancias en las que ni siquiera esta alternativa resulta suficiente.
La escasez de determinadas especialidades médicas es una realidad que afecta a numerosos sistemas sanitarios y que, en ocasiones, dificulta encontrar profesionales disponibles dentro de la propia organización. En estos casos, la administración sanitaria se enfrenta a una decisión compleja: mantener sin cobertura una prestación asistencial o buscar fórmulas alternativas que permitan seguir atendiendo a la población.
Es en estas situaciones cuando la colaboración con empresas o entidades externas puede convertirse en una herramienta necesaria. No se trata de sustituir al sistema público ni de renunciar a su fortalecimiento, sino de utilizar todos los recursos disponibles para garantizar que ningún ciudadano quede sin la atención sanitaria que precisa.
La verdadera medida del éxito de un sistema sanitario no radica únicamente en quién presta la asistencia, sino en que esta se preste con calidad, seguridad y equidad. La ciudadanía espera de sus responsables sanitarios soluciones eficaces a los problemas asistenciales, especialmente cuando están en juego servicios hospitalarios esenciales.
Resulta difícil no mostrar cierta extrañeza ante algunas de las críticas formuladas por quienes, cuando tuvieron responsabilidades de gobierno, recurrieron exactamente a los mismos mecanismos que hoy cuestionan. La gestión sanitaria no puede estar sometida a criterios cambiantes en función de si se ocupa el gobierno o la oposición. Las dificultades para cubrir determinadas especialidades no son nuevas, ni exclusivas de una legislatura concreta, y quienes han gestionado la sanidad pública conocen perfectamente las limitaciones existentes y las decisiones que en ocasiones es necesario adoptar para garantizar la asistencia.
Sorprende que se presenten como inaceptables medidas que fueron utilizadas con absoluta normalidad cuando las circunstancias lo exigían. Si entonces se entendía que la prioridad era garantizar la atención a los pacientes mediante todos los recursos legalmente disponibles, cuesta comprender por qué ese mismo principio deja de ser válido cuando son otros quienes deben afrontar problemas similares.
La ciudadanía espera responsabilidad y soluciones. Convertir en motivo de confrontación política herramientas que históricamente han sido empleadas por gobiernos de distinto signo para asegurar la continuidad asistencial no contribuye a resolver los problemas reales del sistema sanitario. Lo verdaderamente relevante no es quién presta el servicio, sino que ningún paciente quede sin la atención que necesita por la incapacidad de alcanzar soluciones prácticas ante una situación de escasez de profesionales.
No quisiera concluir esta reflexión sin expresar un sincero agradecimiento a todos los profesionales que hacen posible cada día el funcionamiento de nuestro sistema sanitario. A los profesionales sanitarios, pero también a todos aquellos profesionales no sanitarios cuya labor resulta imprescindible para que la atención llegue a los ciudadanos en las mejores condiciones posibles.
Las organizaciones sanitarias son tan fuertes como las personas que las integran, y Aragón puede sentirse orgulloso de los profesionales que cada día cuidan de la salud de sus ciudadanos.
Pilar Borraz. Gerente única de Atención Primaria del Servicio Aragonés de Salud

