Con lo que está pasando en el mundo, creo que, hoy más que nunca, una de las acciones humanas más importantes que necesitamos los habitantes de nuestras comarcas y de todo el planeta es la información real. Hay que saber por dónde vamos, qué está pasando, qué decisiones y actos hacen los que tienen el poder, qué se cuece entre los diferentes grupos, qué movimientos culturales y/o de pensamiento funcionan, etc.
Por esto, tenemos urgente necesidad de periodistas, reporteros, cronistas y fotógrafos que nos lo cuenten, nos hace falta «saber» qué pasa. La información verdadera nos hace libres, nos da criterio para elegir y distinguir, y nos humaniza abriendo nuestra mente al resto de los seres humanos.
Informar es una herramienta muy poderosa en estos tiempos; y cuando es desinformación, es usada por los interesados en manipular a la gente para su propio beneficio, con fines desastrosos. Este manejo de las mentes nos hace ser títeres de esos poderosos egoístas y perversos; que consiguen más enriquecimiento y poder, haciendo lo que les da la gana; mientras nosotros nos insultamos, nos odiamos, nos matamos por ellos y su maldita propaganda. «Ningún tonto tira piedras a su tejado», pues bien, ahora sí se hace.
Por mi tiempo vivido, tengo experiencias de ver en la tele, periódicos y revistas la labor de los corresponsales de guerra, jugándose la vida dentro de horribles conflictos, captando durísimas imágenes reales que nos impactaban y nos aleccionaban sobre lo que no queríamos ni para nosotros ni para nadie. Los periodistas de entonces, aún trabajando en los últimos estertores de la dictadura y teniendo distintas ideologías, tenían la honradez de presentar los hechos con sus palabras y sus cámaras con la verdad desnuda.
Con estas líneas abro mi mente y mi corazón para agradecer al periodismo libre, local y comarcal, como este medio, que nos permite expresarnos con libertad y que realiza una labor impagable informando de la zona donde habitamos y dando sitio a la opinión de la ciudadanía; con lo cual teje un entramado de existencia y visibilidad en los lugares poco habitados, evitando su desaparición.
Y también doy gracias a los que dieron su vida por informar: a los 12 periodistas españoles asesinados y a los 200 periodistas palestinos igualmente borrados, pues a los matones no les interesa que sepamos sus verdaderos rostros.
Elena Gil. CHA / Cuencas Mineras

