Hibris en la mitología griega era una diosa menor pero cuyas acciones tenían consecuencias nefastas para los seres humanos. Era la diosa del orgullo temerario y arrogante, de la soberbia y la falta total de escrúpulos, que solía dejarse arrastrar por un estado de locura destructiva. Ares, el dios de la guerra, se mantenía adormilado hasta que le despertaba y esparcía el caos y el sufrimiento, acompañado de Pólemo, el señor del combate despiadado (de ahí las palabras "polemología" o estudio de la guerra y "polémica", discusión agresiva). Hubo que buscar pareja a Pólemo, ya que a ninguna diosa le gustaba estar cerca de él, y al final Zeus encontró a Hibris y se la dio como esposa. Pólemo se enamoró de ella al instante y nunca dejó que se separara de él.
La mitología y los símbolos, decía Mircea Eliade, no son sólo invenciones literarias sino manifestaciones esenciales de aspectos primarios de la naturaleza humana. Advertía Jung que el hombre actual los ha desterrado de la conciencia y comete un enorme error, ya que son fuerzas que se enquistan en el subconsciente e influyen en los pensamientos y las acciones de las personas. Observen cómo suele haber una correlación directa entre la soberbia, el orgullo y la temeridad (Hibris) y la acción agresiva de Pólemos que lleva a despertar a Ares. El profesor inglés Lawrence Freedman, autor de "La guerra futura" documenta de forma brillante cómo esa simbólica conjunción de factores está detrás de las actitudes de los políticos y los militares que hicieron posible la I y la II Guerras Mundiales. Y para alarma nuestra, cómo muchas de las actuales circunstancias políticas y económicas, desde Trump a Putin, China o Corea del Norte, pasando por el terrorismo y las amenazas de la naturaleza que provocan nuestra forma de vida y los daños al medio ambiente, ya están en manos de Hibris y Pólemos. Ares, la III Guerra, sólo necesita que se le acabe de despertar con nuestro griterío sin medida y sin cautelas.
Freedman escribe en su libro: "... los objetivos a los que sirve la guerra, jamás pueden justificar sus costes". Y añade: "Una tercera guerra mundial -en realidad cualquier guerra- constituye una perspectiva catastrófica y no sólo para los países beligerantes, sino para el conjunto de la Humanidad".

