Cuando nos referimos al idioma aragonés, estamos hablando de una rica variedad de variantes. A diferencia de lenguas como el gallego, el euskera, el valenciano o el catalán, el aragonés no cuenta con el mismo reconocimiento a nivel legal. No obstante, el Estatuto de Aragón reconoce las lenguas propias de la región, incluyendo las derivadas del catalán y del aragonés.

En la actualidad, no existe un aragonés unificado; cada región posee un dialecto distinto, reconocidos hasta en diecisiete variantes. Surge así un dilema entre dos posturas: la de Jorge Pueyo, que se opone a la unificación de los diferentes dialectos, y aquellos que abogan por establecer bases comunes.

Tomemos como ejemplo el caso del valenciano: aunque se trata del mismo idioma en toda Valencia, cada localidad tiene sus peculiaridades al hablar. A pesar de estas diferencias, existen reglas que definen el valenciano correcto, estableciendo su gramática y ortografía. No es razonable esperar que existan diecisiete dialectos cooficiales, cada uno con normas diferentes.

Sin embargo, la Academia de la Lengua Aragonesa ha establecido un estándar que sirve como base, y es posible obtener niveles C1 y C2 en aragonés en la escuela de idiomas.

El problema sobre la cuestión del aragonés es que este ha sido desatendido por las instituciones. Si se desea fomentarlo, deberían haberse implementado medidas, especialmente presentándolo como una opción en las escuelas. Esto facilitaría su aprendizaje y su uso, permitiendo que llegue a más personas en Aragón. Actualmente, la lista de profesores de aragonés para toda la región se reduce a dos, ya que no se imparte en los institutos, a diferencia de otros idiomas cooficiales en sus respectivas comunidades.

El aragonés es algo que va unido a nuestra cultura, pero lamentablemente no se ha promovido. La falta de una televisión autonómica en la que se hable en aragonés y la ausencia de exposición desde la infancia han contribuido a que este idioma sea desconocido para muchos. Comparemos esto con el caso catalán, donde el canal 3bt ha desempeñado un papel crucial en la generalización del uso del catalán.

A pesar de esto, el tema del aragonés rara vez se ha convertido en un debate público masivo en la sociedad aragonesa. Muchos no lo consideran ni remotamente prioritario en comparación con otros problemas, como el mantenimiento de hospitales y escuelas en áreas rurales o la mejora de carreteras y transporte. Sin embargo, la existencia de estas prioridades no implica que debamos descuidar otros aspectos de nuestra propia cultura.

Surge entonces la pregunta de si es la agenda pública la que promueve el idioma o si es el propio idioma el que debería figurar en la agenda política. Hasta ahora, ha habido pocas iniciativas de personas que organicen escuelas de aragonés o ejerzan presión para su implementación. Si el problema no se ha destacado por sí mismo, tal vez la única manera de lograrlo sea a través de un impulso desde las instituciones.

Si en algún momento se llevasen a cabo estas iniciativas, no sería apropiado exigir el conocimiento del aragonés para aprobar oposiciones, como ocurre en otras regiones, ni imponer bases comunes a los diversos dialectos de cada zona. Si de verdad queremos fomentar el aragonés, tiene que salir de nosotros mismos el interés por aprenderlo, o intentar fomentarlo para que se dé a conocer. Los idiomas no deben de imponerse a la fuerza, pero sí son algo que nos podría unir y representar más como pueblo aragonés.

Daniel Sancho. Graduado en Ciencia Política y Administración Pública