Saca su Takamine y afinamos. Estoy en su piso del gancho, vivienda recién reformada, le ha quedado divina, a Iñaki le gusta lo bonito, lo elegante. Al poco dejó aquel piso. Abre una carpeta con las letras de The Beatles, los textos están rotulados a gran tamaño de su puño y letra, esta carpeta siempre le acompañó (no acabó nunca de adaptarse a las ventajas de ciertas modernidades). Vamos pasando las canciones, me va indicando, dentro de unos días tenemos que ir a tocar a Graus, Raúl (el bajista de Green Apples) no puede ir y lo sustituiré; me fijo en un pequeño retrato de Iñaki con su bici, es un dibujo espectacular de su amigo Ignacio Mayayo. Me acabo la cerveza y me voy.
Hemos terminado de grabar Cariño y Tabaco, un disco de Joaquín Carbonell que nunca vio la luz. Aquel día me contó cien cosas sobre los Beatles (yo siempre he sido muy fan), después de aquel disco invisible grabamos dos o tres más juntos que en algún lugar deben estar. También montamos una banda donde Iñaki daba rienda suelta a unas canciones que le gustaban mucho y nunca podía tocar por su especialización beatlelística, sólo hicimos 3 ó 4 bolos pero fue muy divertido, sonaba muy bien. Alegría de vivir.
De año en año nos juntábamos en la Campana de Rodo para cantar a Brassens, otro artista al que Iñaki adoraba. En uno de estos encuentros anuales me contó que Brassens y los Beatles habían grabado la misma cantidad de discos de estudio. Iñaki tenía una gran memoria para datos y fechas. He tocado muchas más veces con sus hijos que con él y en aquellos años para Iñaki pasé de ser bajista a confidente, cada vez que nos veíamos me cacheaba verbalmente sobre sus hijos, yo siempre le decía lo que sentía, que eran fabulosos.
Padres e hijos. Los dos «niños de Iñaki» son gente de gran talento que han heredado oro, el legado de papá es puro oro, es el amor por los Beatles y sus armonías, es saber tocar la guitarra, es saber cantar y hacer coros, es cultura musical brutal (si queréis oír la prueba de este legado buscad al Trío Kanay donde cantan y tocan Gabriel y Guillermo). No penséis que esta herencia musical se queda sólo en el rock and roll y Brassens; por ejemplo, en su lista de favoritos, al igual que en la de sus hijos, también está Chet Baker, a éste lo descubrió en París, la historia de este descubrimiento me la contó en varias ocasiones.
Leyó que Philip Catherine tocaba en la ciudad acompañando a un tal Chet Baker y decidió ir; había teloneros, entre grupo y grupo se hizo un descanso, Iñaki había dejado de fumar unos meses antes, la cuestión es que en el teatro donde se hacía el evento no dejaban fumar, Iñaki al ser un ex-fumador se quedó sentado en su butaca mientras muchos salieron al fumeque, la sala se fue vaciando, sin nada mejor que hacer se distrajo viendo como iban quitando el material del primer grupo para colocar el del segundo, acabada esta tarea, reparó en un tipo mayor muy desgalichado que llevaba una chaqueta tejana de dos tallas menos de las que corresponderían a su cuerpo andando por el pasillo central, de uno de los bolsillos delanteros de la chupa asomaba el rojo de un paquete de Marlboro, cajetilla, algo chafada, que parecía que quisiera escapar de la estrechez de aquella cavidad demasiado pequeña para ella, aquel hombre subió al escenario y se puso a colocar un micro en su correspondiente pie, Iñaki dio por hecho que era un pipa (técnico de montaje), la gente empezó a regresar del fumeteo y aquel señor seguía en el escenario, ahora estaba sentado en la banqueta que se encontraba ante el micrófono y seguía ajustando la altura del micro, aparecieron los músicos, ahí estaba con su Gibson de caja ancha el gran guitarrista belga que Iñaki había venido a escuchar y, en la banqueta seguía sentado el de la cazadora tejana con su paquete de Marlboro espachurrao, el tipo cogió una trompeta que reposaba en su soporte en el lateral derecho de la banqueta y se puso a tocar las primeras notas de Like Someone In Love; aquel día, en París, Iñaki se enamoró de Chet Baker. Aumentando el legado.
Recordaré, para acabar, un par de cosas suyas, la primera es una aseveración que desde que me la dijo me he ido fijando y de la cual doy fe: «Cuando lees o escuchas una noticia sobre algo que conoces muy bien, casi siempre encuentras imprecisiones». Y la otra es una pregunta y una respuesta que le gustaba plantear y contestar, Iñaki te preguntaba: «¿Cual es el mayor invento de la humanidad?» Y cuando tu decías lo que pensabas, él respondía «la anestesia», la pregunta es muy buena y su repuesta me convenció.
Hoy, como si fuera una dedicatoria a Iñaki Fernández, acaba de salir un disco de Brad Mehldau, el pianista de jazz más influyente del momento, con canciones de The Beatles.
Iñaki Fernández era un hombre de gran corazón, de agradable e interesante conversación, de reflexiones profundas y, como muchos de nosotros (los de cierta edad), en ocasiones, era algo gruñón, pero incluso en esos momentos era un gruñón adorable que se dejaba querer mucho. Le echaré de menos. Esta frase se la oí un montón de veces y me encantaba, corta, precisa y verdadera: «Los Beatles son alegría de vivir».
Ángel Fernández Balasch. Asomado a mi ventana


No tube el placer de conocerle. Todo el mundo que conozco habla maravillas de él. Si que he vivido momentos mágicos con Guille (uno de sus hilos) si el se parece a su padre…. Doy fe de su talento. Un beso Angel.
Tuve el inmenso placer de escuchar a Green apples un 13 de agosto de 2021. A quienes contraté y traje a la Noguera ese año difícil y loco donde los conciertos, ahora imposibles no lo fueron. Green Apple dió el pistoletazo de salida, abrió el parentesis y Coco Balash y su banda de jazz lo cerró; en medio músicos enormes que tuvimos la suerte de escuchar en Monroyo. No sabía que Iñaki y Coco se conocian pero no me extraña, son dos grandes.