Desde el Polígono Las Horcas de Alcañiz, Oxaquim acaba de confirmar algo que hace tiempo dejó de ser una excepción: el Bajo Aragón también juega en la primera división de la industria global. La firma de acuerdos a largo plazo con multinacionales vinculadas a la producción de tierras raras sitúa a la compañía alcañizana en el centro de uno de los grandes tableros estratégicos.
Hablamos de minerales esenciales para la movilidad eléctrica, la digitalización, la robótica o la defensa; sectores que marcarán el futuro económico y tecnológico de las próximas décadas. En ese escenario, que una empresa de Alcañiz sea considerada proveedor estratégico internacional no es un dato menor. Es la demostración de que la innovación, la inversión y la especialización permiten competir desde el territorio con gigantes globales.
Oxaquim no solo exporta el 90% de su producción a 85 países, sino que ha logrado consolidarse como una referencia mundial desde una provincia acostumbrada demasiadas veces a escuchar discursos sobre despoblación, falta de oportunidades o pérdida de tejido industrial.
Pero este crecimiento tiene además una lectura local que conviene subrayar. Los 20 millones de euros de inversión anunciados y la creación de 40 nuevos puestos de trabajo representan mucho más que cifras. Suponen empleo cualificado, arraigo y actividad económica para Alcañiz y su entorno. Suponen demostrar que el medio rural puede albergar industria puntera y competitiva. Y suponen, sobre todo, una oportunidad para que el territorio deje de verse únicamente como receptor de políticas compensatorias y pase a reivindicarse como espacio generador de valor estratégico.
Editorial.

