La campaña de incendios de 2026 ha tensionado al límite al operativo INFOAR. Las primeras previsiones de que esta campaña de incendios sería complicada en Aragón se han cumplido al cien por cien.

La falta de lluvias a lo largo de toda la primavera, el estrés hídrico al que está sometida la vegetación de nuestros montes y las altas temperaturas que sufrimos desde finales de mayo han hecho que, desde el inicio del periodo de máximo riesgo, se hayan ido encadenando incendios por toda la geografía aragonesa.

Conforme han ido pasando las semanas, la virulencia de los mismos también ha ido en incremento.

En Aragón, cualquier gobierno que ha pasado por la Aljafería siempre se ha presumido de tener uno de los mejores operativos del Estado, pero la realidad es que somos el Ryanair de los incendios forestales, un operativo low cost que se basa en tener una plantilla precaria, insuficiente y con unas condiciones muy mejorables.

La eficacia del operativo aragonés se mide en el bajo presupuesto invertido en función de las hectáreas que debe proteger. Esta fórmula puede ser viable cuando te enfrentas a un año tranquilo, pero este, sin duda, no lo es.

No podemos pretender defender todo el legado natural que tiene nuestra tierra con un operativo que funciona a base de la buena voluntad y predisposición de sus trabajadores, no debería ser así. Debemos replantear por completo el operativo de prevención y extinción de incendios forestales. El funcionamiento y planteamiento es el mismo que hace tres décadas; sin embargo, la realidad de los incendios forestales se ha vuelto mucho más compleja que a finales del siglo XX.

Se necesita mucho mayor respaldo presupuestario para hacer frente a todas las carencias que tiene el colectivo de Bomberxs Forestales. Hablamos de nuevas incorporaciones de personal y mejora de la contratación de los puestos más precarios del operativo (autobombas conveniadas y vigilantes de puestos fijos), mejora de los EPI precarios, construcción de bases dignas, cambios en las turnicidades, acotar las guardias continuas de hasta 7 días seguidos, gestión de los EPI contaminados, mejora en los descansos entre intervenciones, nuevos vehículos autobomba, mayor dotación y medios para la planificación y la logística, mejora en la alimentación y el alojamiento durante el tiempo que se trabaja en una emergencia.

Una larga lista para mejorar las condiciones de quienes cuidan nuestros montes, que vayan tomando nota.

Daniel Palomo. Ganar / Alcorisa