Cuando uno llega a una situación nueva, como es mi caso al incorporarme a la Diputación, lo primero es hacerse una composición de lugar. Hay que conocer los procedimientos de la institución y a las personas que la forman. En estos primeros plenos uno va identificando maneras de actuar y distintos papeles. Y sinceramente, jamás habría situado al señor Juste en el papel de «poli malo» que ejerció frente a los bomberos en huelga en el último pleno.
La tensión pone a prueba a quienes tienen responsabilidades públicas. Vimos a un presidente desbordado, con una actitud autoritaria y soberbia que contrasta con la imagen moderada que había proyectado hasta ahora. Quizá un episodio no defina a una persona, pero sí obliga a preguntarse si esa moderación era tan real como parecía hasta ahora.
Los bomberos acudieron al pleno para reclamar mejoras en sus condiciones laborales y en un servicio esencial para la provincia. Es cierto que no tenían turno de palabra. Precisamente por eso, el presidente podía pedir silencio o aplicar el reglamento. Lo que no resulta razonable es interpelar a quienes no pueden intervenir y después reprocharles que contesten. El intercambio acabó con el señor Juste cuestionando los días de trabajo de los bomberos y ordenando que abandonaran el salón de muy malas formas.
Poner en duda la capacidad de trabajo de quienes prestan este servicio es una grave falta de respeto. Y también invalida al señor Juste como máximo responsable de personal de la institución provincial. Después de lo ocurrido, el conflicto solo podrá encauzarse si dimite y se aparta, y si otra persona, ajena a las faltas de respeto del último pleno, toma las riendas de la negociación y de la Diputación.
Pero tampoco puedo obviar la actuación de los socios de gobierno de Juste. El PAR, con una intervención difícil de calificar, afirmando que «nos vamos a poner a trabajar desde ahora, pero hombre, muy duro, muy duro tampoco». Juzguen ustedes mismos si es la frase adecuada para no enervar los ánimos. Y Teruel Existe, intentando una vez más nadar y guardar la ropa, mostrando su acuerdo con la moción socialista para terminar votando en contra, provocando la indignación de los bomberos presentes. Un ejercicio de funambulismo político que, desde luego, no siempre les sale bien.
Aristóteles escribió que las palabras y las acciones revelan el carácter. Y en este último pleno el señor Juste quedó retratado. Las formas también hablan. Y las que vimos aquel día fueron, a mi juicio, inaceptables para quien preside la institución.
Los problemas del servicio de bomberos siguen ahí y necesitan soluciones. La autoridad no se demuestra imponiéndose a quienes protestan ni humillando a quienes trabajan por la seguridad de la ciudadanía. Se demuestra escuchando, respondiendo con respeto y estando a la altura de la responsabilidad que se ocupa.
Óscar Librado. PSOE / Alcorisa

