El pueblo, a diferencia de la ciudad, es la casa de todos sus habitantes, también de los que lo visitan; pues es una sociedad familiar donde se conocen prácticamente todos, y son acogedores con los de fuera.

Esta agrupación de personas, cada cuatro años, vota por los representantes que gestionen todo lo que corresponde al municipio. La obligación de un concejo no es solo el mantenimiento del común (calles, alumbrado, aguas, cementerio, limpieza, caminos, etc.), igualmente deben de cumplir con la mejora, el embellecimiento y el cuidado con mimo, luchar por sus intereses, en fin, como lo harían los padres de familia por los suyos.

El otro día estuve en Palomar de Arroyos, en Comarca Cuencas Mineras, y me encantó. Es precioso, está bien cuidado y tiene un rico patrimonio muy interesante. Cuando volví a casa estuve pensando que sería magnífico que estuvieran así todos nuestros pueblos. Pensaba en Montalbán, Segura, Martín, Armillas… serían maravillosos con su excelente patrimonio y edificios bien cuidados, lo que además de vivir con calidad y orgullo, atraería turismo, fuente de riqueza. Pero no es así, muchos inmuebles están medio en ruina o arruinados completamente, y el patrimonio artístico y paisajístico deja mucho que desear.

Desde estas líneas, solicito a los gestores de nuestros pueblos, que pueden y deben mantener el patrimonio y así mismo obligar a los dueños de casas en ruina a tirarlas o arreglarlas. Son un grave peligro, y si por desidia, interés y/o negligencia no lo hicieren, cometerían una irresponsabilidad patrimonial que les es obligada. Y, créanme, les saldría muy caro no hacer sus deberes.

Elena Gil. CHA / Cuencas Mineras