Inmenso dolor es el que sufrimos todos los españoles este miércoles, de forma masiva y generalizada. No se hablaba de otra cosa, en cualquiera de los ámbitos en que nos moviésemos. Todo nuestro cariño, solidaridad y pésame se encuentra junto a las víctimas —68 en el momento de escribir estas líneas— del trágico accidente ferroviario de Urda, en la provincia de Toledo.
Sentimos absoluta rabia, y por supuesto indignación. Pero no por eso dejamos de trabajar. No por eso nos vamos a poner una mordaza en la boca. Eso solo sería hacer el juego a la organización criminal que se encuentra en La Moncloa, cuyo número 1 es Pedro Sánchez. Su Gobierno ha estado dilapidando 1.500 millones de euros en pagar las infraestructuras ferroviarias y el metro en Marruecos, Uzbekistán, o en El Cairo; mientras saquean, traicionan y ponen en riesgo a todos los españoles con su inacción y desidia en la gestión. Sánchez pretende parapetarse en el dolor y el luto para silenciar las denuncias sobre el deterioro de las infraestructuras que son su responsabilidad como ejecutivo.
Y lo que es más cruel. Apenas unas horas después del accidente, determinados medios acceden a ciertos audios suministrados por la Moncloa con un secreto de sumario decretado. Llevan 8 años en el Gobierno, que no es lo mismo que gobernando, y van a remover cielo y tierra para evitar asumir la más mínima responsabilidad. Son capaces de lo peor y de señalar públicamente de manera cobarde al último trabajador que encuentren.
Por supuesto que ha habido un gran fallo humano. El único error humano ha sido colocar al frente del Ministerio de Transportes a quien se gastaba el dinero público en señoritas de compañía, o bien otorgarle el mismo puesto a quien se reía y bailaba en sketches mofándose de las víctimas del accidente de Adamuz.
No nos creemos nada de este Gobierno. No tienen ninguna credibilidad. Y por eso mismo, no vamos a descansar hasta que esta organización criminal se siente en el banquillo de los acusados y respondan de cada uno de sus delitos. La corrupción mata.
Aroha Rochela. Vox / Andorra

