Hace unos días, en pleno «scroll infinito» en X, me topé con una carta a la directora de El País que portaba ese mismo nombre. En ella, una vecina de Gijón reflexionaba sobre las horas diarias que dedicamos al cacharro y que, por tanto, no empleamos en tantas otras ocupaciones posibles. Tras leerla, y como acostumbro a hacer, fui revisando comentarios y descubriendo nuevos puntos de vista sobre un breve texto que concluía con estas palabras: «El tiempo que se va no vuelve. Y cada día, sin darnos cuenta, dejamos que nos lo roben». Hubo dos cuestiones que llamaron mi atención. En primer lugar, la sorprendente y generalizada tendencia a idealizar cualquier tiempo pasado, ignorando siempre que a la memoria le gusta jugar con nuestros recuerdos y moldearlos a su antojo. Y, en segundo lugar, el uso que se hace de la palabra «robar», con el fin de exculparnos de nuestras propias decisiones y sus consecuencias. A pesar de que, en esencia, pude sentirme identificada con dicha carta, creo que resulta conveniente puntualizar estas dos cuestiones, porque solo atendiendo a ellas y echando un par de cucharadas de autocrítica a nuestro guiso seremos capaces de empezar a ver la paja en el ojo propio.
A pesar del entorno, considero que el «scroll infinito» es, indudablemente, una elección diaria. Obviar ese punto nos victimiza, considerándonos presos de una realidad monolítica que, sospecho, no existe. Siempre ha habido distracciones, solo que a lo largo de la historia han tenido diferentes formas, olores y sabores; y cada cuál ha ido escogiendo las suyas. Unos más, otros menos. Nadie nos obliga a seguir tendencias y estar al tanto de todo lo que ocurre en redes, a pesar de que esto tenga numerosas implicaciones sociales. Considerarnos presos sin juicio de ese «scroll» nos aleja peligrosamente de lo que significa e implica la cultura del esfuerzo. Todo logro significativo conlleva dedicación, trabajo y sacrificio para quienes trabajan a pesar de las distracciones y focalizándose en aquello que quieren conseguir.
El periodista y escritor andorrano Rubén G. Bielsa acaba de publicar, a sus 24 años, su segundo libro y, créanme, es el resultado de horas y horas de trabajo, desempeño y dedicación. Las distracciones son infinitas, están siempre ahí, pero nunca son impuestas: en la mano de cada cuál está qué hacer con ellas.
Alicia Martín. A quien quiera leer


Una vecina de Gijón reflexionaba sobre las horas diarias que dedicamos al cacharro y que, por tanto, no empleamos en tantas otras ocupaciones posibles.
Leer es leer, tanto si se hace en un papel como en el cacharro, sea ordenador, table, teléfono , etc. Y leer artículos es para mi un placer que, además no me ata a ningún libro al que hay que dedicarle mucho mas tiempo.
Sigan escribiendo artículos para… quien quiera leer. Gracias.