Hace dos años, al iniciar este camino, marcamos una directriz innegociable: organizar unas Jornadas Nacionales no es un mérito en sí mismo, sino la consecuencia natural de una designación. El verdadero reto —el que nos propusimos asumir como equipo— era organizar las mejores Jornadas de la historia. No podíamos conformarnos con «cumplir»; debíamos transformar cualquier supuesta limitación en una oportunidad para proyectar nuestro potencial.

Durante este tiempo, hemos rechazado frontalmente que nuestra escala demográfica sirviera como escudo. En La Puebla de Híjar no buscábamos benevolencia por ser el municipio más pequeño en asumir este desafío; buscábamos admiración. Este fin de semana hemos demostrado que los complejos se disipan cuando hay una estrategia milimétrica y una visión vanguardista de nuestras raíces.

Una identidad sin fisuras

La excelencia comenzó con una imagen corporativa que ha roto moldes. El trazo de la «línea continua» del ilustrador poblano Marcos Balfagón no ha sido un simple adorno; ha sido el cordón umbilical del evento. Bajo el lema «¿Vienes o qué?», proyectamos una marca potente que ya es referencia. Ya en la presentación en Moratalla a ritmo de jota, y más tarde en Zaragoza, se percibió que esta tamborada estaba impregnada de un aroma renovador. Esta coherencia, bañada en los tonos de nuestra tierra y el símbolo del corazón, ha dotado de alma a cada rincón de la localidad.

Hemos innovado con valentía. El acto del viernes, lejos del tedio de los protocolos infinitos, apostó por una tertulia circular, amable y directa, combinada con una muestra de la talentosa cultura local. El desfile y la exaltación fueron hitos de gestión donde el respeto al tiempo del asistente fue la prioridad absoluta. Y, por supuesto, la noche del sábado: ese «¿Rompemos la hora o qué?» apoyado en un vídeo mapping que ha reinventado la estética de nuestro momento más sagrado, sustituyendo la rutina por la emoción pura.

El talento local como motor

Este éxito es el triunfo del talento kilómetro cero. Hemos puesto en valor los materiales de nuestra tierra —el alabastro, la caña y el olivo— tanto en la escenografía como en cada detalle entregado a las 22 delegaciones. Nuestros vecinos, convertidos en los mejores embajadores, asumieron con sacrificio las restricciones propias de un gran evento, creando una atmósfera de hospitalidad que solo un pueblo que se sabe grande puede ofrecer.

Nada de esto habría sido posible sin nuestras «hormiguicas zafaneras». Coordinar a 200 voluntarios junto a sanitarios, Protección Civil y cuerpos de seguridad es una proeza de ingeniería social. Desde el personal municipal a nivel superlativo hasta los negocios locales que se han multiplicado para dar lo mejor de sí; todos son personas humildes realizando tareas extraordinarias, son gente que siempre suma.

Sinceramente, me gustaría que fruto de este momento que hemos vivido, surgieran vocaciones para dar un paso al frente en participar en la vida política local que asegurara la pervivencia de formas de trabajar basadas en la tenacidad, la ética y la innovación.

Un futuro sin límites

Como alcalde, tras 15 años de un proyecto político en constante evolución, mi satisfacción es absoluta. La Puebla de Híjar no toca techo: salimos de estas jornadas con más autoestima, más empleo, más vivienda y, sobre todo, con la certeza de que somos locomotora del desarrollo en nuestro territorio.

Hemos demostrado que, desde la autoexigencia y descartando cualquier atisbo de condescendencia externa, se pueden mover montañas. Los poblanos se han involucrado y se han reafirmado, marcando un hito en las tamboradas nacionales. Gracias a todos por demostrar que, cuando se conjuga talento y pasión, lo pequeño se vuelve infinito.

Pedro Bello. Alcalde de La Puebla de Híjar