Nuccio Ordine, que falleció en junio de 2023, recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2023. Tiene un libro extraordinario titulado La utilidad de lo inútil. Manifiesto. El título, aparentemente contradictorio, tras su lectura comprobamos que es plenamente coherente.
Lo que nos quiere señalar es que hoy se consideran inútiles todo un conjunto de saberes, como la filosofía, el arte, la música, la historia, la ciencia, porque no producen directamente beneficios; cuando son muy útiles, ya que son fines por sí mismos —precisamente por su naturaleza gratuita, alejada de todo vínculo mercantilista—, permiten desempeñar un papel clave en el cultivo del espíritu y en el desarrollo de la humanidad. En definitiva, todo aquello que nos ayuda a ser mejores personas.
En cambio, lo que se denomina hoy como útil, el beneficio, el lucro, el tener, el dinero, es plenamente inútil, ya que no sirve para desarrollarnos como personas. En las sociedades actuales el conocimiento no se valora. El artista, el científico, el intelectual se valoran mucho menos que el empresario, el banquero, el futbolista… En otras épocas no fue así, el respeto ha cambiado de bando. No se admira al que sabe, al que crea, al que lee, sino al que es capaz de acumular poder, lujos y riquezas, incluso al que se lucra de manera amoral.
Otro libro de Nuccio Ordine es Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal. En este defiende la idea de la trascendencia de los autores clásicos, hoy marginados, para la educación y para la vida en general. En la introducción señala que, en los últimos 15 años, en el primer semestre de cada curso, todos los lunes leyó un pequeño fragmento en verso o en prosa de autores clásicos y posteriormente realizaba unas reflexiones.
La experiencia consideró que fue muy bien acogida por los alumnos, y consideró que el acercamiento a los clásicos no debería hacerse con el objetivo de aprobar un examen, sino por puro placer y para entendernos mejor y entender el mundo que nos rodea. Un libro clásico es aquel que es capaz de responder a las preguntas que se generan los lectores a través de los siglos. Cada lector, cada siglo, se hace preguntas, y los clásicos las responden y siempre nos hablarán del presente, ya que tienen muchas cosas que enseñarnos en nuestro vivir cotidiano.
Vamos a recurrir a Esopo, un escritor de fábulas, chistes y aforismos de la Antigua Grecia en el siglo VI a. C., cuyas obras fueron compiladas por primera vez durante la época clásica y traducidas y preservadas en eras posteriores.
Es la fábula de «El caballo, el ciervo y el cazador». Ruego a quien la lea que haga un pequeño esfuerzo para ubicarla en la situación política actual en España y que relacione cada uno de los animales citados con los 3 grandes partidos actuales: PP, PSOE y VOX.
Un caballo decidió vengarse de cierto venado que lo había ofendido y emprendió la persecución de su enemigo. Pronto se dio cuenta de que solo no podría alcanzarlo y, entonces, pidió ayuda a un cazador. El cazador accedió, pero le dijo: «Si deseas dar caza al ciervo debes permitirme colocarte este hierro entre las mandíbulas, para poderte guiar con estas riendas, y dejar que te coloque una silla sobre el lomo para poderte cabalgar estable mientras perseguimos al enemigo».
El caballo accedió a las condiciones y el cazador se apresuró a ensillarlo y embridarlo. Luego, con la ayuda del cazador, el caballo no tardó en vencer al ciervo. Entonces le dijo al cazador: «Ahora apéate de mí y quítame estos arreos del hocico y el lomo».
«No tan rápido, amigo —respondió el cazador—. Ahora te tengo tomado por la brida y las espuelas y prefiero quedarme contigo como regalo».
Cándido Marquesán. Exprofesor de secundaria jubilado


Tu texto invoca a Ordine, pero termina en Esopo. Y ahí es donde la literatura deja de ser contemplativa y se convierte en quirúrgica.
La fábula no trata de partidos. Trata de naturaleza política. Trata de la tentación más antigua de la República: sacrificar autonomía a cambio de ventaja. El caballo no pierde cuando acepta la derrota frente al ciervo. Pierde cuando acepta la brida del cazador. Porque en ese instante deja de ser sujeto y pasa a ser instrumento.
La República no muere cuando sus actores se enfrentan entre sí. Muere cuando uno de ellos decide que no puede vencer sin someterse a una fuerza que, desde ese momento, deja de ser aliada para convertirse en propietaria. La historia no está llena de enemigos que destruyen sistemas libres. Está llena de aliados que los domestican.
Ordine defendía la utilidad de lo inútil porque ahí reside la última reserva de libertad. Lo que no sirve al cálculo, no puede ser poseído. Lo que no se somete a la lógica del beneficio, no puede ser instrumentalizado. Por eso los clásicos incomodan: porque revelan patrones que el presente intenta disfrazar de novedad.
Esopo no escribió sobre animales. Escribió sobre la condición humana frente al poder. Y la enseñanza es brutal en su sencillez: quien acepta la brida, aunque venza, ya no vuelve a ser libre.
La pregunta nunca fue quién era el caballo, el ciervo o el cazador.
La pregunta es quién está dispuesto a seguir creyendo que las riendas son temporales.
Saludos,
DMSC
Gracias por su comentario
Gracias por ayudarnos a elevar la mirada desde la cochambre política actual hacia el horizonte de la condición humana.
¡Salud!
Vivimos una época que confunde el valor con el precio. Se llama útil a lo que produce beneficio inmediato y se desprecia lo que no genera lucro, como si el fin de la vida fuera acumular y no formarse. Sin embargo, todo aquello que cultiva el carácter —el pensamiento, el arte, la cultura, el conocimiento— es lo único verdaderamente necesario para tener una vida buena, que no es lo mismo que una buena vida.
Cuando una sociedad admira más al que posee que al que comprende, algo esencial se ha desplazado. No se empobrece primero en lo material, sino en lo moral. Y lo que se pierde entonces no se recupera con dinero ni con poder.
La fábula del caballo que acepta la brida para vencer a su enemigo recuerda una lección antigua: quien renuncia a su libertad por conveniencia o venganza acaba perdiéndola del todo. Ninguna victoria compensa la pérdida del dominio de uno mismo.
El progreso que no mejora a las personas no es progreso. Es solo ruido.