Desde pequeña he oído decir «los pobres son más generosos», cosa que he comprobado a lo largo de mi vida. Sobre esta antigua frase-pensamiento, quiero contar la generosidad de mi pueblo a lo largo de sus muchos años de existencia.

Armillas es un pequeño pueblo en las duras tierras de las parameras montalbinas que, desde 1971 muy mermada su población por la emigración a las ciudades, pasó a unirse a Vivel del Río, siendo un solo municipio, y quedando Armillas como barrio del mismo.

Perder esta condición de municipio, en principio no supuso un daño ni cambio alguno. Con la democracia, los municipios lograron bastantes ayudas económicas y con ello tenían más posibilidades a mejorar en todos los aspectos. Ahora, para plasmar la generosidad del barrio de Armillas, un poco de historia:

Armillas, desde al menos el Neolítico, con sus canteras de pórfido, fue un centro importante para la industria lítica de la redolada ( hachas, molinos, raederas, etc.). Hasta en los siglos XIX y XX, sirvió para el adoquinado de muchas calles de Zaragoza.

En el siglo III antes de Cto., sus minas de plomo argentífero fueron codiciadas por cartagineses y romanos. Ya por entonces debieron de disfrutar de la valiosa sal de agua de sus «Salinas».

En la alta edad media, finalizada la reconquista de la zona, Armillas quedó como tierra de realengo, es decir , era el rey de Aragón el propietario de su término y lo que hubiera en él. Esto cambió, pues en el siglo XIV, el rey Martín I y su esposa María de Luna, donaron las Salinas de Armillas al rico-hombre de Teruel, Francés de Aranda como pago de las deudas que tenían con él. Con la posesión de este valiosísimo bien, Francés de Aranda instituyó un Pío Legado llamado «la Almosna de Santa María» dedicada a repartir los beneficios de las Salinas de Armillas para los pobres de Teruel, otorgando su gestión al Concejo de Teruel y a su iglesia

Desde el siglo XVIII hasta el siglo XX, se han explotado minas de plomo, hierro y manganeso, cuya propiedad y rendimiento eran de personas o entidades ajenas al pueblo.

En el siglo XIX, me contaba mi abuela cómo iban por los montes de Armillas boticarios, la mayoría de Valencia, a recoger las hierbas medicinales que allí abundaban.

Continuará…

Elena Gil. CHA / Cuencas Mineras