Las palabras que usamos en Alcañiz no son simples palabras. Son nuestra manera de hablar, de entendernos y de reconocernos entre nosotros. En ellas está la memoria de nuestros abuelos, de las calles, de las huertas, de las masías y de la vida cotidiana de este pueblo.
Cuando alguien dice aguaitar, cantarica, corbetera, presco, esbarrar o expresiones como «¡anda y que te zurzan!», «¡no me seas somarda!» o «está hecho un fardacho», no está usando un castellano cualquiera. Está hablando la lengua de Alcañiz, una lengua hecha de generaciones, de costumbres y de formas de vivir que no aparecen en los libros oficiales, pero que siguen vivas en la conversación de mucha gente mayor y en la memoria de quienes todavía conservan estas palabras.
Aquí todavía quedan palabras que nos sitúan en nuestra tierra sin necesidad de decir de dónde somos. Decir pozal en vez de cubo, alberge en vez de albaricoque, capazo, badina, tozuelo, royo o zaborrero forma parte de una manera de hablar heredada. Y expresiones como «¡maño!», «¡qué calorina hace!», «vaya capazo he agarrau» o «menuda tronada viene» siguen teniendo un sabor muy nuestro, muy del Bajo Aragón.
Cada pueblo tiene su manera de nombrar las cosas. Aquí no hablamos exactamente igual que en Zaragoza, ni que en Madrid, ni siquiera igual que en otros pueblos cercanos. Y eso no es hablar «mal»; es conservar una identidad propia. Porque las palabras nacen de la tierra donde vive la gente, del trabajo en el campo, de las relaciones entre vecinos, del clima, de las fiestas y de la historia compartida.
Muchas de estas palabras vienen de siglos atrás. Algunas tienen raíces aragonesas, otras conservan sonidos antiguos y otras llegaron de épocas en las que convivieron distintas culturas. Sin darnos cuenta, cada vez que usamos una palabra tradicional estamos manteniendo viva una pequeña parte de la historia de Alcañiz.
El problema es que muchas de estas palabras se están perdiendo. Los jóvenes ya casi no escuchan algunas expresiones que antes eran normales en cualquier casa. La televisión, internet y la forma actual de hablar hacen que poco a poco desaparezcan palabras que durante generaciones definieron nuestra manera de vivir y comunicarnos.
Y cuando desaparece una palabra, desaparece también una forma de mirar el mundo. Porque no es solo vocabulario. En esas palabras hay humor, cariño, formas de trabajar, maneras de relacionarse y recuerdos familiares. Son patrimonio cultural, aunque nunca hayan estado en un diccionario importante.
Por eso sería valioso recoger todas esas palabras propias de Alcañiz: compararlas con las de otras comarcas, investigar su origen y conservarlas antes de que se olviden. Sería casi hacer un mapa sentimental de nuestra manera de hablar. No para encerrarnos en un habla local, sino para enriquecer la lengua común con nuestra propia voz.
La verdadera lengua de un pueblo no pertenece únicamente a las academias. Pertenece sobre todo a la gente que la habla cada día. A quienes todavía dicen «¡no esbarres!», «aguaita quién viene» o «tráeme la cantarica con agua fresca» sin pensar que están conservando siglos de historia.
Porque al final, igual que otros hablan andaluz, gallego o aragonés, muchos de nosotros podemos decir con orgullo:
Yo hablo la lengua de Alcañiz.
José Gil Cronista alcañizano


aguaitar, esbarrar esto en Catalán lo decia mi abuela de Vilafranca del Penedes, que traducido al Castellano
es, acechar, desbaratar , aqui se demuestra que el Catalán ha formado parte del hablar de Alcañiz, como bien lo describia el Notario d’Alcanyís Senynor Guillem Granyena.
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Es tracte d’una venta que fan los jurats de Queretes a Pere Roures d’Arnes d’un tros de terra a la partida del Castell Nou del nostre terme. L’escriptura redactada en Català la firma lo notari d’Alcanyís Guillem Granyena.