En la sociedad actual en la que vivimos hay una gran afición a redactar o elaborar listas para reclamar nuestra atención sobre cualquier tema o cuestión de actualidad.No me refiero, claro está, a la lista de la compra. Estoy hablando de aquellos listados o rankings que enumeran o comparan datos con la pretensión de ilustrarnos sobre un contexto concreto.
En algunos casos, nos dan cuenta de cuáles son las películas más aclamadas de la historia o los temas musicales más escuchados. En otros, nos permiten conocer quiénes son los mejores tenistas del momento o los multimillonarios más acaudalados del planeta, e incluso nos determinan dónde se encuentran los pueblos más atractivos de un territorio.
También hay otros listados con un interés social, que se elaboran para denunciar o dar notoriedad a una situación concreta que está ocurriendo. Así surgen las listas de espera para que llegue esa tan deseada intervención quirúrgica o la denominada "lista roja del patrimonio", un listado que, según sus promotores, relaciona aquellos elementos del patrimonio cultural de nuestro país que se encuentran en peligro de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores.
Si nos detenemos en esta última, podremos observar la presencia de toda clase de bienes inmuebles, algunos de ellos situados en el territorio bajoaragonés y relacionados con el patrimonio histórico civil, religioso, militar o industrial. Dentro de este último, se ha tenido a bien incluir la antigua tejería de la localidad de Belmonte de San José, un pequeño horno de fabricación de teja que presenta un deterioro evidente de sus paredes por el efecto del paso del tiempo desde que finalizó su período de funcionamiento.
Hasta aquí nada que decir. Si lo que se pretende es sacar los colores a una población por no cuidar de su patrimonio, creo que, en nuestro fuero interno, podemos estar bastante tranquilos, ya que cualquiera que nos visite o nos quiera conocer podrá valorar adecuadamente el interés con el que los vecinos de la localidad de Belmonte defienden su identidad y el patrimonio cultural común y tratan de preservarlo. También la tejería. No nos hace falta aparecer en una lista para poder apreciar su progresiva degradación, como la de tantos otros elementos del paisaje rural de nuestro entorno.
La cuestión que más nos debe preocupar es el sistema de inclusión empleado: la opinión de una persona anónima que lo denuncia, el contundente informe histórico asociado para corroborarlo: «No se ha encontrado ningún dato acerca de la historia de este edificio», así como la falta de una valoración singular o comparativa, respecto a otros elementos similares, que le dé una relevancia significativa para poder tenerlo en consideración de forma prioritaria.
El problema de la conservación del patrimonio es que los recursos económicos son muy limitados y más en las poblaciones pequeñas. No hay dinero para todo y se debe priorizar.
Nuestro patrimonio industrial en el medio rural está plagado de ejemplos similares al de la tejería: molinos de aceite o de harina, caleras, neveras, batanes, hornos, salinas, norias, minas, pozos y tantos otros elementos cuyo proceso de deterioro es constante y muy difícil de frenar. ¿Qué hacemos? ¿Los metemos todos en la lista roja hasta que rebose?
Para poder valorar adecuadamente qué decisiones tomamos sobre la conservación y protección de nuestro patrimonio industrial, lo primero que necesitaríamos sería un inventario exhaustivo de aquellos bienes que lo forman, en base a unos criterios preestablecidos. Lo siguiente, documentarlos adecuadamente para preservar su memoria y permitir una valoración objetiva. Y por último, acordar una selección de los más relevantes, en función de sus características y de las disponibilidades económicas existentes, para diseñar proyectos de intervención que permitan su rehabilitación patrimonial. ¿Mucho trabajo, verdad?
Y en dicha priorización y toma de decisiones, no estaría de más tener en consideración la opinión del conjunto de la población que los mantiene y se preocupa por ellos cada día, ya que en el mundo rural no todo se soluciona desde un lejano sillón.
Alberto Bayod. Historiador y alcalde de Belmonte de San José

