Caspe cuenta con una nueva acequia que discurre por el antiguo cauce del río Guadalope. Es una acequia ornamental, vestigio del agua que corría sobre parte del lugar en que la han excavado.

Y es ornamental porque no está pensada para regar los campos del tramo de los Rimeres por donde transcurre, sino como memorial orgánico del viejo río desviado en el Azud de los Moros en los años 60.

En busca de respuesta sobre la actuación en el antiguo cauce del Guadalope, lo he recorrido observando lo hecho. Fruto de ello son estas palabras.

Durante casi diez años se nos ha hablado de «restaurar el cauce del Guadalope» y de «rehabilitar el paisaje». La actuación realizada ha contado con financiación municipal y con una sustancial aportación de fondos europeos, pero lo ejecutado, por lo que vieron mis ojos, no se corresponde con las expectativas creadas.

Basta acercarse al antiguo cauce para comprobarlo: no se han quitado la mayoría de los escombros acumulados durante los años en que se utilizó como vertedero incontrolado. Por tanto, el problema de posibles contaminaciones futuras continúa.

Lo que se ha ejecutado es una acequia ornamental sobre el trazado, no la recuperación del cauce original.

Si hubo un proyecto de restauración, no se ha seguido. La impresión es que se ha trabajado a base de indicaciones y pautas puntuales día a día.

Con el castillo del Compromiso se consiguió, al menos, una obra útil para la ciudad, aunque no se realizara la aspiración primitiva de reconstruir el castillo. Con esta actuación del Guadalope no se observa ninguna intervención que recupere la funcionalidad ni el estado del cauce previo a su desvío.

Bienvenida sea toda actuación en beneficio de Caspe, pero esta creo que se ha quedado muy corta, aunque ya sabemos que falta aún la repoblación con especies vegetales autóctonas y algunos elementos ornamentales y funcionales como pasarelas, farolas y bancos.

Alejo Lorén