Aragón abre una nueva etapa política marcada por el acuerdo entre PP y Vox. Este pacto responde a la lógica parlamentaria que, en un contexto de fragmentación, puede aportar la estabilidad necesaria para gobernar. Pero conviene no perder de vista una idea esencial, y es que la estabilidad, por sí sola, no basta. Gobernar es sumar mayorías y hacerlo sin erosionar los principios que sostienen la convivencia. Aragón ha sido, históricamente, una tierra de acuerdos amplios, de consensos construidos desde la moderación y el respeto. Ese patrimonio político debe ocupar el primer plano.
El nuevo escenario exige responsabilidad. El marco constitucional y el Estatuto de Autonomía no son solo límites jurídicos, sino garantías de equilibrio. También lo son valores que forman parte de la identidad aragonesa: la hospitalidad, la cohesión social, el sentido del bien común. Cualquier acción de gobierno debería partir de ahí, no tensionarlo.
Dentro del acuerdo, hay elementos que merecen ser muy valorados. Entre ellos, la apuesta por una fiscalidad diferenciada para el medio rural, una medida que, de aplicarse con rigor, podría marcar un punto de inflexión en la historia de Aragón. Reconocer desde la política fiscal las singularidades del territorio supone ir más allá del discurso y actuar sobre uno de los grandes retos estructurales de la comunidad, la despoblación. Convertir esa intención en realidad exigirá precisión, voluntad y una mirada de largo recorrido.
El reto del acuerdo entre PP y Vox será demostrar que la estabilidad puede construirse sin traspasar líneas rojas democráticas ni consensos que jamás se han quebrado. Principios como la igualdad, la diversidad o la convivencia no pueden convertirse en terreno de disputa partidista ni en moneda de cambio.
Aragón necesita políticas útiles, que refuercen su vertebración territorial, que valoren lo propio y que proyecten un futuro compartido. Gobernar desde Aragón y para Aragón implica reconocer esa singularidad sin confrontación.
A partir de ahora, el tiempo político debe traducirse en tiempo útil. Aragón necesita con urgencia un Gobierno constituido sin dilaciones, unos presupuestos aprobados cuanto antes y equipos de gestión solventes, con perfiles capacitados y experiencia acreditada. La estabilidad solo será creíble si se transforma en acción concreta con planificación, ejecución y resultados. No hay margen para la improvisación en una comunidad que afronta retos estructurales y que exige, con razón, eficacia, rigor y responsabilidad, con una mirada específica hacia el territorio.
Editorial


Dar respetabilidad a VOX es lo peor que se puede hacer. Equivale a legitimar el neofranquismo. ¡A esta gente ni agua!
Las hordas rojas no son neonada. Son exactamente las mismas de siempre.