Todavía es de noche. El frío de enero ha conseguido helar los cristales de mi coche y llevo ya un rato tratando de solventar ese previsible imprevisto. «Debería cogerme guantes», me repito cada mañana, aunque se me olvida a la siguiente. Repaso mentalmente lo que hay en mi bolso y concluyo que todo está en orden. He cerrado la puerta, llevo el móvil, las llaves… ¿He cogido la comida? Vale, sí, está aquí. Consigo que suene Xoel López por los altavoces, arranco, agarro fuerte el volante y comienzo a bajar la cuesta de casa. Es temprano, pero no tan temprano como cuando hacía los informativos matinales de Radio La Comarca. Echo de menos la radio, me digo. Recuerdo con cariño esas mañanas a solas con el micrófono, sabiendo que al otro lado un territorio despertaba con ganas de escuchar. Apenas me cruzo unos cinco coches de frente durante todo el trayecto. Está empezando a amanecer y en el cielo todavía oscuro empieza a recortarse la silueta de la Sierra de Arcos. Aparece como si nada, protagonista de un espectáculo que muy pocos presenciamos. Iulia ya estará con las noticias, pero aquí no se oye la radio. Las estrellas que tanto echaba de menos todavía no se han escondido cuando las primeras luces pintan colores cálidos en el negro. Miro hacia arriba y veo el santuario. Recuerdo lo mucho que me ha gustado siempre ese lugar. Tuve mucha suerte, pienso, con lo de la radio. Recorrí muchos pueblos, conocí a mucha gente, aprendí muchísimo. Todos esas voces e historias forman parte de mí, de mi manera de entender la vida. Hay tantas anécdotas… Kilómetros y kilómetros para llegar a casi todos los pueblos del Bajo Aragón Histórico, para llevar la radio a casi cualquier lugar. Qué divertido era, cuánto disfruté. Los primeros rayos de sol lo bañan todo y hacen que la sierra brille y los pinos tengan más lustre. Voy cantando en el coche y no puedo parar de pensar en lo bonita que es mi tierra. ¿A todo el mundo se lo parecerá? Afino la vista: «Querer volver». En mi cara se dibuja una ligera sonrisa. Hoy también tengo suerte.
Alicia Martín. A quien quiera leer

