Después de observar a muchas familias en las que los padres son Chapurriàu-hablantes y comprobar que, sorprendentemente, sus hijos dicen sus primeras palabras y continúan hablando en castellano hasta edades avanzadas, mientras los padres se dirigen a ellos en esa lengua de forma natural y sin darse cuenta, hemos podido entender por qué sucede esto cada vez con más frecuencia.

Vamos a profundizar un poco en ello. En la sociedad actual, donde ambos adultos de la familia suelen trabajar, los niños acuden desde muy pequeños a guarderías en las que pasan muchas horas al día. En estos centros, las cuidadoras se dirigen a los bebés principalmente en castellano. Es ahí donde los niños escuchan el castellano de forma constante y durante largos periodos, lo que les permite adquirirlo con rapidez y comenzar a decir sus primeras palabras en castellano. Los padres, llevados por la alegría de oír a sus hijos balbucear sus primeros sonidos y acostumbrados a los dos idiomas en el día a día, sin darse cuenta, responden a los niños de manera natural en castellano. Al estar acostumbrados a convivir con ambas lenguas, se va creando poco a poco un vínculo familiar de comunicación en castellano nacido de forma natural.

Con el paso del tiempo, cuando los niños rondan los cinco años, muchos padres se sorprenden al verse hablando con ellos en castellano, a pesar de que entre la pareja siempre han utilizado el Chapurriàu. Así, casi sin notarlo, se encuentran sin haber transmitido su lengua materna a sus hijos, que la entienden por escucharla en casa.

Este proceso nos está llevando a una reducción progresiva del número de hablantes de Chapurriàu.

Planteamos una posible solución. Cuando los niños se dirijan a padres y abuelos en castellano, es importante que estos no dejen de responderles en Chapurriàu. De este modo, los pequeños aprenderán de forma natural dos lenguas a la vez y, lo que es más importante, se esforzarán en pronunciarlas correctamente. Aprenderán los giros y la pronunciación de una forma ágil y fácil que les será útil no solo para manejar ambos idiomas, sino también para aprender otros en el futuro, y desarrollarán una gran agilidad mental. Esta posibilidad está en sus manos.

Ahora, queridos padres, se encuentran ante una decisión nada sencilla. Si continúan como hasta ahora, existe el riesgo de que sus hijos no lleguen a expresarse en su lengua materna y se pierda una oportunidad de enriquecer su desarrollo lingüístico. Si, por el contrario, hacen el esfuerzo de seguir hablándoles en Chapurriàu, tendrán que pasar por unos años de mezcla de idiomas hasta que, con el tiempo, los niños sepan diferenciar claramente cuándo y con quién usar cada lengua. A cambio, habrán contribuido a un aprendizaje lingüístico valioso que acompañará a sus hijos toda la vida.

Transmitir el Chapurriàu es mucho más que enseñar una lengua.

Miguel Ángel Alcober - Valdeltormo