La Virgen de Pueyos es la patrona de Alcañiz y su historia está profundamente ligada a la identidad de la ciudad.
Cuenta la tradición que, en tiempos antiguos, cuando Alcañiz acababa de recuperar su tierra y sus campos volvían a llenarse de vida, vivía en las proximidades de la villa un humilde pastor llamado Lucio. Cada día salía con su rebaño y recorría los montes y campos que rodeaban Alcañiz. Un día, mientras cuidaba tranquilamente de sus ovejas, una luz extraordinaria apareció ante sus ojos.
El pastor quedó sorprendido. En medio de aquella claridad se le apareció la Virgen María, rodeada de una luz celestial. Lucio, asustado por lo que estaba contemplando, cayó de rodillas y se cubrió el rostro con las manos. Pero, poco a poco, sintió una gran paz y se atrevió a levantar la mirada. Entonces la Virgen le habló y le mostró una imagen de la Virgen, indicándole que quería permanecer y ser venerada precisamente en aquel lugar.
El lugar quedó vinculado a los llamados «tres pueyos», término relacionado con pueyo, que significa elevación o pequeño monte. De ahí procede el nombre del lugar.
Según la tradición recogida en distintas fuentes, el mensaje que recibió Lucio fue: «Ve a la villa y haz pública mi voluntad: quiero que veneréis esa imagen en este sitio, mientras lleve aguas el Guadalope y la campiña sostenga plantas».
Lucio regresó inmediatamente a Alcañiz y contó a sus vecinos lo que había sucedido. Al principio, los habitantes quedaron sorprendidos, pero decidieron acudir al lugar señalado por el pastor. Allí encontraron la imagen y la llevaron solemnemente hasta la iglesia de Santa María la Mayor, donde fue recibida y venerada. Pero ocurrió algo extraordinario. Al día siguiente, la imagen había desaparecido.
Los alcañizanos buscaron por todas partes hasta que finalmente la encontraron de nuevo en el mismo lugar donde Lucio había tenido la aparición. Pensaron que podía tratarse de una casualidad y volvieron a trasladarla a la ciudad. Pero volvió a suceder lo mismo: la imagen regresó milagrosamente al lugar de la aparición.
Ante aquel prodigio, los habitantes de Alcañiz entendieron, según cuenta la tradición, que la Virgen quería permanecer allí. Por ello decidieron levantar una ermita en aquel lugar, para que la imagen pudiera ser venerada y para que los vecinos pudieran acudir a ella en busca de protección y consuelo.
La tradición sitúa una primera ermita en el lugar de la aparición durante el siglo XII y una nueva construcción en el siglo XIII. La actual Ermita Vieja conserva el recuerdo del lugar considerado tradicionalmente como el punto de la aparición.
Además, existen testimonios documentales medievales de la devoción. Por ejemplo, un testamento de 1324 menciona a Santa María dels Tres Puig de Alcañiz, lo que demuestra que el culto ya estaba establecido en la Edad Media. También se documentan obras y ampliaciones posteriores.
El santuario que conocemos actualmente es fundamentalmente una construcción barroca del siglo XVII, aunque el conjunto ha sufrido numerosas reformas posteriores. Tiene una sola nave, crucero, cúpula y camarín para la Virgen. En el siglo XIX se realizaron importantes reformas dirigidas por el arquitecto alcañizano Tomás Llobet.
El conjunto incluye también la antigua ermita, la hospedería, la casa del ermitaño y otros edificios relacionados con la vida del santuario y cuidados por los quintos de cada año.
Así nació, según la tradición, la devoción a Nuestra Señora de Pueyos, que con el paso de los siglos se convertiría en la patrona de Alcañiz. Y todavía hoy, tantos siglos después, los alcañizanos continúan subiendo al santuario para honrar a su Virgen.
Uno de los aspectos más importantes de la devoción a Pueyos fue la relación de la Virgen con las rogativas para pedir lluvia. La frase «mientras lleve aguas el Guadalope y la campiña sostenga plantas» es especialmente simbólica: une para siempre a la Virgen con la tierra, el agua y los campos de Alcañiz.
José Gil

